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Tema: ¿Cómo vivir la Semana Santa en Familia?

¿Cómo vivir la Semana Santa en Familia?

¿Qué es la Semana Santa?

La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Por ello, es un período de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (Viernes de Dolores) y se considera parte de la misma el Domingo de Resurrección. A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos.
La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Nos olvidamos de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.
Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico.
Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.
Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?

El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.
En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud; Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

Sugerencias para vivir la Semana Santa

  • Asistir en familia o a los oficios y ceremonias propios de la Semana Santa porque la vivencia cristiana de estos misterios debe ser comunitaria.
  • Poner algún propósito concreto a seguir para cada uno de los días de la Semana Santa.
Como padres también tenemos el deber de mostrar con actitudes piadosas lo que significa este periodo en nuestra vida como cristianos, es decir, vivir cada día de la Semana Santa intensamente, hablando y reflexionando con los hijos sobre lo que se conmemora en cada ocasión. Para ayudarlos a comprender lo que sucedió en los últimos días de Cristo en la tierra, es aconsejable leer historias sobre la Pasión y Resurrección, así como ver películas sobre la vida de Cristo. De igual forma, es muy valioso cuando se participa en familia de las diferentes actividades características de la época, como por ejemplo la visita a los monumentos y las procesiones. Esto hará que conozcan de primera mano la vivencia de esta Semana.

Tema: Cuaresma en familia

Primer Domingo de Cuaresma y por otra parte es el Día Nacional de la Familia


Por: + Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de Tehuacán | Fuente: Catholic.net 



Acabamos de vivir, el pasado miércoles, el Rito de la Ceniza. Es importante que éste no sea un gesto aislado, sino el inicio de un tiempo de gracia, el Tiempo de la Cuaresma.

Pues bien, el próximo domingo tenemos dos celebraciones, de origen muy diferente pero que se pueden armonizar: por una parte es el primer Domingo de Cuaresma; por otra parte es el Día Nacional de la Familia.

La familia es el grupo primario donde hemos nacido y crecido. La familia puede favorecer o entorpecer nuestro desarrollo, nuestra educación, según prevalezca la integración o desintegración familiar. Una familia integrada, unida, en que todos están pendientes unos de otros para ayudarse en las diversas situaciones, es una familia que ayuda en la educación de todos y cada uno; en cambio, una familia desunida, desintegrada, que cada quien camina por su lado, con constantes conflictos, es una familia que, por el contrario entorpece y dificulta el desarrollo de la persona. En el VI Encuentro Mundial de Familias, que tuvo lugar el pasado mes de enero en la ciudad de México, reflexionábamos acerca de la misión formadora de la familia en los valores humanos y cristianos, lo cual podemos aplicar concretamente en la adecuada vivencia de la cuaresma.

Pero hay factores que hacen remar contra corriente en este sentido: Desde luego todos los signos de desintegración familiar, de conflictos en la relación; a ello se suma la valoración de lo individual –mis proyectos, mis derechos, mi libertad-; el énfasis en lo material, en el placer; la pérdida o la indiferencia del sentido de Dios; la crisis económica que golpea y aturde. Sin embargo, no es para desalentarnos, no hay familia perfecta, en la que no haya ninguna situación negativa. Todos, en lo individual y familiar, estamos en camino de desarrollo y mejoría.

La decisión de vivir la cuaresma en familia es un apoyo valioso, pues no lleva a hacer un alto en el camino para repensar las decisiones y acciones. Dios no es ajeno a nuestra vida, sino nuestro Creador y Padre; la Iglesia no es la extorsionadora con ideas y prácticas superadas, sino la familia de los hijos de Dios, de los hermanos de Cristo Jesús; la cuaresma no es un tiempo anticuado y fastidioso, de penitencias insulsas ya caducas, sino tiempo de gracia, de revisión y conversión que nos lleva a la fiesta del amor renovado.

Dios hizo buenas todas las cosas, especialmente al ser humano –varón y mujer- los hizo “muy bien”, “a su imagen y semejanza” y a quienes encomendó crecer y multiplicarse, usando sabiamente de todo lo creado; pero Adán y Eva sucumbieron a la tentación, queriendo ser como dioses. De ahí que nosotros, como todo ser humano, nacemos y vivimos con la inclinación a pecar. Pero Dios no nos abandonó, sino que prometió enviar un Salvador. La Alianza que Dios estableció con Noé, con Abrahám y sobre todo con Moisés, son anuncio de la Alianza que realiza con nosotros por su Hijo Jesucristo, quien para ello murió en la cruz y resucitó, venciendo a la muerte.

Durante la cuaresma en familia, vamos a ir viviendo estas diversas Alianzas de Dios con su pueblo –especialmente los primeros domingos de cuaresma-, Alianzas que nos llevan a la suprema Alianza de Jesucristo.

¿Qué podemos hacer en familia para vivir la cuaresma? Muchas cosas, yo sugiero sólo algunas: 

1) Recuperar el sentido de un Dios que nos ama como Creador y Padre, ante quien hemos de ser agradecidos. Para ello cultivar constantemente la relación con Dios como Padre Bueno; recitar muchas veces, con confianza, la oración que Jesús nos enseñó, del “Padre nuestro”, disfrutándola, meditándola, practicándola. Cultivar la actitud de ser agradecidos con Dios: por la vida que nos concede, cada día como una novedad, el tener familia, trabajo, el tener amigos, el poder ir saliendo adelante…

2) Recuperar el sentido de nuestros pecados. Todos hemos pecado, reconocerlo es un signo de valentía y humildad. Pero los reconocemos ante un Dios que es lento para enojarse y generoso para perdonar, clemente y compasivo. Ayuda saber pedir perdón y perdonar en familia, lo cual no nos rebaja sino que nos ennoblece, especialmente a los adultos, así los niños y los adolescentes también aprenden a pedir perdón. Perdonar y pedir perdón en familia, fortalece la cercanía y la confianza, que cada uno se sepa digno y valioso.

3) Atrevernos a cultivar la actitud del hijo pródigo, que se anima a regresar a la casa paterna confiando en que su padre no lo rechazará. Promover en la relación familiar a darnos tiempo para escucharnos, especialmente escuchar a quien ha vivido una experiencia negativa y dolorosa. También en familia, animarnos y prepararnos a la confesión individual, especialmente en este tiempo de cuaresma.

4) Gozar la fiesta del perdón y del reencuentro que Dios Padre organiza en beneficio nuestro. El sacramento de la reconciliación es la delicia del perdón que Dios nos regala; la Eucaristía es la fiesta de Cristo Jesús que se ofrece en sacrificio a Dios Padre y en banquete como Pan de vida eterna a nosotros.

Los valores que implican estas actitudes, han de ir siendo cultivados desde la más tierna infancia, con la convicción de que nosotros los hemos experimentado y hemos gozado de sus frutos y ahora anhelamos que los pequeños y los jóvenes los vivan también. Tengamos en cuenta que los hábitos se forman a través de frecuentes conductas. Los buenos hábitos no son sólo fruto de estudio y reflexión, sino sobre todo fruto de obras buenas que se aman, de esta manera se convierten en convicciones que se expresan en los muy variados momentos de la vida, alegres o adversos.

De esta manera la penitencia cuaresmal –incrementando la oración, el ayuno y la limosna- no es la fatiga de algo molesto y cansado, sino el baño saludable que nos regenera en la condición de hijos de Dios. La Cuaresma, así, nos lleva al gozo de la Pascua, para compartir el paso de Cristo: del dolor de la muerte en la Cruz a la alegría de su resurrección.


+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

Tema: Las cinco etapas por las que pasa el matrimonio



Aunque no hay reglas generales, sí es cierto que algunos factores tanto externos como internos, determinan unas condiciones especiales; por ejemplo, no es lo mismo estar recién casados y sin hijos, que llevar veinte años de unión y con hijos jóvenes. Por eso, es de gran provecho para las parejas identificar la etapa que viven y las que están por llegar, para así convertir los desafíos en oportunidades de mejora. Las cinco etapas por las que pasa el matrimonio son las siguientes.

Primera etapa: Transición y adaptación

Comprende aproximadamente los tres primeros años de casados. Es una etapa fundamental puesto que en ésta se establecen los fundamentos o bases de la relación. Durante este tiempo la pareja se adapta a un nuevo sistema de vida, por eso las claves de esta fase son la comunicación y la negociación. Es importante que los cónyuges realicen un proyecto familiar, en el cual se visualicen a futuro y establezcan las metas que quieran lograr.

La pareja se prueba en el manejo y administración del dinero, del tiempo, así como en la distribución de tareas del hogar, entre otros. Es momento de decisiones y acuerdos.

Segunda etapa: Establecimiento y llegada de los hijos

Ocurre entre los tres y los diez años de casados aproximadamente. Ya ha finalizado la luna de miel y el proceso de adaptación, ahora hay un mayor conocimiento del cónyuge y es probable que las desavenencias sean más frecuentes; o lo contrario sean menos, producto de la madurez adquirida en la primera etapa de convivencia.

En esta fase los cónyuges aterrizan; el amor va acompañado más de la razón que del sentimentalismo. La voluntad juega un papel importante en el binomio compromiso-entendimiento.

En esta época la mayoría de las parejas se convierten en padres; hecho que implica retos diferentes y una nueva organización de roles. Los cónyuges deben evitar que la dedicación que requieren los hijos, no desplace la relación de pareja. También hay que velar para que los compromisos del trabajo, y las demandas de la vida diaria, no inicien un gradual distanciamiento.

Tercera etapa: Transformación

Suele acontecer entre los diez y veinte años de casados, puede coincidir con la pubertad de los hijos y la edad mediana de los cónyuges. Esta última marca un período de reflexión y renovación en la vida del ser humano; por lo que es importante que el matrimonio se encuentre en un estado saludable y que individualmente se afronte de la mejor manera. Así no se convertirá en una amenaza para la estabilidad matrimonial.

Del mismo modo, los esposos deben procurar que las dificultades que surjan por la crianza de los hijos, no afecten la unión conyugal. La unidad en la autoridad y el trabajo conjunto, deben ser la prioridad.

En esta etapa los cónyuges deben ser bastante creativos, no caer en la rutina (fácil y silenciosa) redescubrirse otra vez como pareja y conectarse nuevamente.

Cuarta etapa: Estabilización y “Nido vacío”

Se presenta entre los veinte y los treinta y cinco años de unión. “Cuando las parejas han sido capaces de resolver conflictos y crisis en las etapas anteriores, este es un período de estabilización y una oportunidad para lograr un mayor desarrollo y realización personal, y como pareja.” afirma el autor Francisco Castañera en su artículo "Ciclo de vida del matrimonio".

En esta etapa por lo general se da lugar al síndrome del “nido vacío”, lo que sitúa a la pareja en una nueva forma de vida; ahora están el uno para el otro. Para algunas personas, esta puede ser una situación penosa, pues conlleva al desprendimiento de los hijos, y consigo el sentimiento de soledad. No obstante, es algo que los padres terminan asumiendo y lo superan al cabo del tiempo.

Lo valioso de esta etapa es la solidez y el conocimiento pleno de la pareja: la capacidad de dialogar, de tolerar mejor las diferencias, de reírse de los mutuos errores, de hacer las críticas de un modo amable, de iniciar juntos alguna actividad. Es la ocasión para reafirmar más la creatividad y encontrar nuevos desafíos a la vida matrimonial.

Quinta etapa: Envejecer juntos

Se da a partir de los treinta y cinco años de matrimonio. Algunas personas optan por la jubilación, así surge algo muy positivo y es que se dispone de más tiempo para disfrutar el uno del otro. Se realizan actividades antes imposibles por las ocupaciones laborales, y surge una gran motivación: los nietos. Estos pequeños le dan luz y felicidad al matrimonio en esta etapa.

Los cónyuges en este tiempo, tienen mucha necesidad de apoyo y cariño uno del otro. Los conflictos en esta fase son bastante menos frecuentes; la mayoría de las parejas se han estabilizado en líneas de poder e intimidad.

Para finalizar, una reflexión en las palabras de Francisco Castañera: "Este recorrido, nos lleva a reflexionar sobre lo importante que es valorar durante todo nuestro matrimonio la calidad y cantidad de nuestra intimidad, el apoyo y el cariño que damos a nuestra pareja, y no esperar a la última etapa cuando el final se encuentra cerca."

Tema: Encontrarse con Cristo Resucitado desde el corazón de María

¿Qué sentía María en esos momentos? ¿qué pensaba? ¿qué recuerdos le venían a la memoria? ¿qué le decía a Jesús? ¿cuál era su experiencia interior?

Por: P Evaristo Sada LC | Fuente: www.la-oracion.com


Los seres humanos tenemos capacidad de sintonizar con los sentimientos de otra persona, penetrarlos y hasta cierto punto apropiarlos. Podemos ponernos en el lugar del otro, comprender sus emociones y sentimientos y sentir juntamente con él.

Es posible conectar con el otro y participar de su experiencia interior. Esto abre un mundo maravilloso en la vida de oración. Con la ayuda de la gracia, es un modo de hacer oración contemplativa.

Ciertamente la empatía tiene sus límites, pues la experiencia personal será siempre personal; las vivencias de cada uno serán siempre propias y únicas.

¿En qué consiste esta "oración por empatía"?

Por ejemplo, en este tiempo litúrgico, consiste en centrar nuestra atención en la Virgen María y tratar de sintonizar con los sentimientos de María durante la pasión, muerte y resurrección de Jesús. He empleado esta modalidad de oración durante el triduo pascual y lo sigo aplicando ahora en la pascua. Me está ayudando mucho.

Tratar de meterse al corazón de la Madre de Jesús y Madre nuestra mientras en silencio y soledad acompaña a su Hijo en cada momento de su pasión y en su resurrección. Algunas preguntas que ayudan: ¿qué sentía María en esos momentos? ¿qué pensaba? ¿qué recuerdos le venían a la memoria? ¿qué le decía a Jesús? ¿qué escuchaba? ¿cuáles eran sus actitudes? ¿cuál era su experiencia interior?

Detenerse en cada paso, sin prisa. Un día se puede tomar una escena, otro día otra. O permanecer durante varios días en la que más ayude a cada uno. Este modo de orar supone un fuerte cultivo de la capacidad de escucha.

Se trata de contemplar y sentir profundo

No hacen falta muchos pensamientos, se trata de contemplar y sentir profundo, identificándose con la oración de María: durante la última cena, durante la oración en el huerto, cuando fue apresado, cuando estaba en la cárcel, cuando fue condenado a muerte, cuando subía el Calvario con la cruz a cuestas, cuando fue crucificado, durante su agonía, cuando expiró, cuando resucitó, cuando encontró a María en el huerto, cuando se apareció a los suyos...

Gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de María

Desde el Sábado Santo me ha ayudado mucho gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de su Madre.

En la resurrección de Jesús confluyen:

 
1. El amor del Padre que lleno de conmoción vio morir a su Hijo diciendo: "Todo está cumplido" (Jn 19,30), "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,45). Con la Resurrección, el Padre respondió a la súplica de Jesús en el huerto: ¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mi este cáliz (Mc 14,36).
2. El poder del Espíritu de amor que hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5)
3. La pasión de amor de Cristo por el hombre que quiere permanecer siempre a su lado: "Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los tiempos." (Mt 28,20)

Y María participa en la Resurrección de Cristo con su dolor y su esperanza


Con la muerte de Jesús parecía fracasar la esperanza de cuantos confiaron en Él. Aquella fe nunca dejó de faltar completamente, sobre todo en el corazón de la Virgen María, la Madre de Jesús, la llama quedó encendida con viveza también en la oscuridad de la noche. (Benedicto XVI, 8 de abril de 2012) y a través de la experiencia transformante de la Pascua de su Hijo, se convierte en Madre de la Iglesia, o sea, de cada uno de los creyentes y de toda la comunidad. (Benedicto XVI, Regina Coeli, 9 de abril 2012)

¡Qué fácil es gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de su Madre mientras le contempla vivo y glorioso!

Oración
Madre:
Mientras el sábado santo se libraba el combate entre la Luz y las tinieblas,
el Espíritu Consolador invadía tu corazón, aliviando tu dolor,
el Padre terminaba su obra maestra: Cristo Resucitado,
y tú en silenciosa espera...

¡Cuánto aprendo de tu silencio sonoro!
Gracias, Madre, por permitirme entrar en el jardín de tu alma y acompañarte en tu dolor.
No me cabe la menor duda de que fuiste tú la primera a quien buscó Jesús resucitado.

¿Qué pasó en tu corazón cuando al tercer día brilló el Sol Naciente con toda su gloria?
¿Cómo celebraron juntos aquél momento? Me imagino lo que sentiste.

Déjame ver con tu mirada el rostro de tu Hijo Resucitado,
alegrarme y regocijarme en Él como tú lo hiciste.

A ti te constituyó en Madre de la Iglesia,
que a mí me conceda resucitar con Él;
que me haga un hombre nuevo,
que piense en las cosas de arriba,
y las busque por encima de todo
Amen

Tema: Los padres y la educación de los hijos


Pedro Trevijano Etcheverria

La autoridad de los padres es necesaria y es bueno que la ejerzan, habiendo situaciones en las que los padres deben sencillamente imponerla sin discusión posible, pues hay pautas de conducta que deben ser practicadas, incluso antes de poder ser entendidas.
Pedro Trevijano Etcheverria

El principal deber de los padres es querer a sus hijos, y esto supone que los padres traten de dar a sus hijos lo más importante que ellos tienen, es decir ellos mismos y su tiempo. La clave es la disponibilidad cariñosa. El padre que no esté dispuesto a perder el tiempo con sus hijos, por ejemplo jugando con ellos, no es un buen padre. Los hijos necesitan que los padres les atiendan y  les eduquen en los valores de la familia y de la vida.
La autoridad de los padres es necesaria y es bueno que la ejerzan, habiendo situaciones en las que los padres deben sencillamente imponerla sin discusión posible, pues hay pautas de conducta que deben ser practicadas, incluso antes de poder ser entendidas, como el que los niños vayan a la escuela y al colegio, o la formación religiosa, aunque en este punto generalmente sólo es eficaz si los padres son creyentes convencidos y van por delante con su ejemplo. No hay que olvidar tampoco el influjo que pueden tener los abuelos. Aunque los hijos empiezan ya a querer independencia y autonomía, para desarrollar su autoestima necesitan sentirse apoyados y protegidos por los adultos, que siguen siendo puntos de referencia. Por ello las normas deben ser claras y los límites precisos, pues los hijos deben saber a partir de cuando ya no es aceptable una conducta. Las prohibiciones no deben ser por mero capricho, pero pueden ser necesarias, incluso sin razonarlas. Pero los padres deben tener presente  que el objetivo de su educación es que sus hijos lleguen a tener personalidad propia. El niño no nace libre, sino que hay que educarle para que lo sea, permitiéndole poco a poco asumir las responsabilidades que correspondan a su edad, enseñándole a pensar y distinguir entre lo fundamental, lo importante y lo accesorio, vacunándole contra eslóganes y tópicos, cosa que no se consigue si por ausencia de orientaciones y límites durante su crecimiento se le hace esclavo de su propio capricho. Los padres en estos años deben decidir por y para el hijo, aunque ello lleve consigo la posibilidad de cometer errores, pero también la posibilidad de corregirlos. Los errores también se cometen por omisión y son más irreversibles. Los hijos no son sólo sujetos de derechos, sino también progresivamente de deberes. La relación de padres e hijos no puede ni debe ser en estos primeros años una relación de igual a igual, porque corresponde a los padres establecer una disciplina para erradicar los comportamientos inadecuados y dar a sus hijos una información y formación moral que les permita distinguir lo que está bien de lo que está mal para que puedan orientar sus conductas y pensamientos.
Hoy ya no se discute sobre la necesidad o conveniencia de la educación sexual; aunque desgraciadamente muchos niños se encuentran con que como consecuencia del medio ambiente actual, las informaciones erróneas que transmiten muchos medios de comunicación e incluso muchas escuelas y su falta de principios les crea una gran confusión mental y moral ante las actitudes que han de tomar.
Separar la educación sexual de la formación de la persona o reducirla a mera información es un tremendo error. La sexualidad es una expresión de nuestra capacidad de amar y hoy no dar al niño una buena y correcta educación sexual suele significar que crezca con una mentalidad deformada sobre estos temas. La maduración personal incluye y exige el conocimiento progresivo de la propia sexualidad y supone un conjunto de actitudes y valores que ayudan a su realización. En consecuencia, todo individuo tiene el derecho de recibir la instrucción y educación sexual adecuada a su edad. Por ello, actualmente la discusión se centra en el modoconcreto, lugar, tiempo y personas que deben responsabilizarse de esta enseñanza y especialmente sobre el papel que juegan la familia, la escuela y la Iglesia.
Es necesario que los niños vayan conociendo su sexualidad poco a poco hasta su pleno descubrimiento en la adolescencia. Los niños deben saber que hacer preguntas sobre la sexualidad forma parte de su educación integral. Sin embargo, aunque la información es imprescindible, no basta con tener conocimiento e información, pues la mejor instrucción sexual no consigue encauzar el apetito sexual, sino que para conseguir esto el mejor medio es la educación de la afectividad con una buena formación espiritual y la práctica religiosa, tanto más, cuanto que en estos tiempos, muchos, por ejemplo nuestros gobernantes de todo signointentan imponer la ideología de género, que es no sólo anticristiana, sino diabólica, pues es exactamente la Moral Católica vuelta del revés. Por ello dar a niños, adolescentes y jóvenes una recta educación sexual es una obligación urgente y grave de los padres y educadores cristianos, a fin de ofrecerles a tiempo una formación clara, firme y abierta al crecimiento personal y afectivo, en estas materias referentes a la sexualidad, afectividad, matrimonio, procreación y educación de hijos, tan importantes para la perfección personal y la salud social. Una buena educación sexual conlleva enseñar a saber poner los instintos y lo carnal al servicio del amor, la razón y la voluntad y es un factor importante para el sano desarrollo mental, físico, moral y religioso de los niños, si bien al ser algo que afecta a la persona a lo largo de toda su existencia, cualquiera que sea su estado de vida, es uno de los campos en que la educación permanente es conveniente y necesaria.
                                                                                                               
P. Pedro Trevijano

Tema: Lecciones para ser una buena suegra

Una vez que los hijos contraen matrimonio, la actitud de los padres ha de ser de acompañamiento y apoyo, no de críticas y comentarios destructivos que perturbarán su armonía

Fuente: arvo.net/ lafamilia.info

Tantos chistes y bromas alrededor del tema de las suegras, puede tener algo de realidad. Pues hay errores cometidos por los padres que pueden terminar dañando la relación matrimonial de sus hijos, sin ser esa su intención.

No cabe duda que es difícil cuando los hijos se van de casa a conformar una nueva familia; no obstante, el mayor deseo de un padre es que sus hijos sean felices, así no sea la vida que se hubiese querido para ellos. Por eso, una vez que los hijos contraen matrimonio, la actitud de los padres ha de ser de acompañamiento y apoyo, no de críticas y comentarios destructivos que perturbarán su armonía.

Principales errores de las suegras

El respeto es el que debe reinar en la relación suegros – nuera/yerno, mantenerse al margen de las decisiones y del modo de vida de los hijos y sus familias. Los siguientes son los principales errores que se deben evitar a toda costa:

- Tratar de tener autoridad en el hogar del hijo.

- Criticar los gustos de la nuera en la decoración de la casa que pertenece - exclusivamente - a la pareja de casados.

- Imponer su propia manera de criar, tratar y educar a los hijos, o sea sus nietos.

- Reclamar mediante comentarios subliminales que el hijo casado siga viviendo en su hogar, pues en el fondo no desea vivir la separación que implica el matrimonio de un hijo.

- Ser cómplice de todos los errores que comete el hijo y entonces se forman como dos bandos: por un lado mamá e hijo(a) y por otro, la esposa(o) quien cada vez se siente más frustrada(o) al no poder ayudar a que su pareja se corrija.
Hacer toda clase de “maromas” para capturar la atención del hijo sin importarle que descuide su propia relación matrimonial.

9 grandes consejos 

Los siguientes consejos son extraídos de arvo.net y escritos por Sylvia Villarreal, los cuales son muy acertados para las madres que pronto serán suegras.

No juzgues. Por lo regular desde que conocemos a la pareja de nuestro hijo, nos formamos una idea en nuestra mente de cómo es. Sin embargo, busca la oportunidad para conocerla mejor y no te dejes llevar por cómo crees que ella es, ¡mejor trátala para conocerla más!

Pon siempre de tu parte. Por un momento, ponte en su lugar y piensa que ella/él siempre tratará de agradarte porque eres la mamá de la persona que ama; así es que tú también pon de tu parte para iniciar una verdadera amistad.

No te entrometas. Recuerda que los problemas de pareja son de dos únicamente. No trates de ayudar a solucionarlos porque puede resultar peor, ni mucho menos pongas a tu hijo en contra de su cónyuge. Sólo ellos podrán tomar una decisión de lo que deben hacer.

Dale el lugar que le corresponde. Es verdad que como madres sentimos que merecemos el amor completo de nuestros hijos, sin embargo, debes entender que ahora su pareja tiene prioridad. La idea que dice “si a este mundo no llegaron con esposa(o), primero está la madre”, es totalmente errónea. Así como tú un día lo hiciste, ellos ahora han formado una familia que está antes que nada.

No la hagas quedar mal. Es obvio que con tu experiencia sabes mucho más cosas que tu nuera y te queda mucho más rica la comida o mejor planchada la ropa. Pero no es necesario que se lo recuerdes siempre y mucho menos en público, ¡al contrario! Felicítala cuando decida hornear el pastel de chocolate que tanto le gusta a tu hijo (aunque no haya esponjado perfectamente). De nuevo ponte en su lugar y date cuenta de lo mal que se siente que te digan que te equivocaste, y sobre todo si se trata de tu suegra.

No le des consejos no pedidos. Muchas veces con la intención de ayudar aconsejamos a nuestras nueras/yernos de cómo educar a los hijos y hasta cómo tratar a nuestra pareja, pero no debe de ser así. Ellos son los únicos que tienen la completa autoridad y decisión de saber cómo actuar. Lo mejor es que esperes a que sean ellos quienes te pidan tu opinión.

Cuando algo anda mal... Cuando sientas que tu nuera se ha “pasado de la raya”, actúa inteligentemente y no hagas más grande el problema. Nunca vayas con el chisme a contárselo a tu hijo (es una posición difícil para él). El solo se dará cuenta tarde o temprano de lo que ocurre y sabrá qué hacer.

Propicia un ambiente de cordialidad. Sorpréndelos con una rica cena en casa, o proponiendo actividades juntos: un día de campo, ir de compras (sólo con tu nuera) o ir al cine.

Sé atenta. Cada vez que sientas que tu nuera puede necesitar ayuda (al organizar una fiesta, cuando se encuentra enferma o que acaba de dar a luz) nunca está de más que ofrezcas sinceramente tu apoyo para lo que se requiera e independientemente de la respuesta, siéntete feliz y propicia un ambiente cordial.

Tema: La Navidad, su verdadero significado

En estos días nuestro mundo está sumergido en una vorágine mercantilista que poco tiene de cristiano, recordemos el verdadero significado de la Navidad y preparemos nuestros corazonez como un pesebre adecuado para que Nuestro Señor repose en él. 

Por: . | Fuente: apologeticauniversal.blogspot.com/

1.- LA FIESTA DE LA NAVIDAD: 

La fiesta de Navidad fue instituida por la Iglesia en el siglo IV y es originaria de la Iglesia latina y mas propiamente de la Sede Apostólica de Roma.

Por falta de documentos exactos sobre el nacimiento de nuestro Señor, no existe una certeza absoluta acerca del año, que algunos escritores sagrados y profanos señalan entre el 747 y 749 de la fundación de Roma (del 7 al 5 A.C.), y del día, que han hecho oscilar entre el 25 de marzo y el 17 de diciembre.

Hay pruebas del este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.

Para profundizar más sobre este tema, pueden leer el siguiente artículo: "Calculando la Navidad: la auténtica historia del 25 de diciembre"

2.- EL 25 DE DICIEMBRE Y LA NAVIDAD: 

La Navidad se celebra el 25 de diciembre, (visitar el enlace del párrafo anterior para más información sobre el tema). Navidad no es el 24 de diciembre, es TODO el 25 de diciembre. Eso sí: Navidad NO ES LA CELEBRACION DE UNA FECHA, SINO DE UN HECHO, el nacimiento del Salvador, evento absolutamente decisivo en la historia de la salvación. Es entonces una conmemoración del significado de ese hecho. Se lee en las profecías:
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: "Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, príncipe de la Paz." (Is 9, 5)
Ese hecho fue de tal magnitud que todo el cielo lo celebró:
De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: "Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia". (Lc 2, 13-14)
Nosotros, los beneficiados con este hecho, tenemos no solamente motivos sino una verdadera obligación de celebrarlo.

Como lo importante es el significado, todo lo anterior se resume en que debemos ser conscientes de que hubo un día en el que Dios encarnado llegó a nuestras vidas, las cuales deben estar listas para fructificar bajo su luz ("Yo soy la luz del mundo" dijo Jesús en Jn 8, 12), de aquí que la temporada de adviento sea de penitencia y reflexión (ese es el sentido del color morado en los trajes de los sacerdotes en las misas, el mismo color de la cuaresma). Como dijo el Santo Padre Juan Pablo II:
"Jesús nace para la humanidad que busca libertad y paz; nace para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza."
3.- LA NAVIDAD CRISTIANA Y LA NAVIDAD CONSUMISTA:

Navidad es una fiesta que está bajo un ataque tremendo en estos últimos tiempos. Santa Claus ha tomado el lugar de Jesús-niño y el mall o el centro comercial ha tomado el lugar del templo. Que triste que el Domingo antes de Navidad los estacionamientos de las Iglesias estén vacíos y en los centros comerciales sea una hazaña encontrar un lugar donde estacionar el automovil. Dice la Palabra de Dios:"Donde está tu tesoro, allí esta tu corazón" (Mat.6:21) ¿Dónde está tu corazón? ¿En un centro comercial?…. ¿Cuando llegue la tribulación a tu vida, a donde vas a ir a buscar consuelo y paz? ¿Al centro comercial?

Navidad es una fiesta de cumpleaños donde se le compran regalos a todos menos al niño que se festeja. Donde se hace una fiesta y no se invita al homenajeado, donde hoy -tristemente- se trata de que no se mencione el nombre del niño que nació, su nombre es Jesús.

El Apóstol Pablo, un hombre que un día fue su enemigo y que se rindió a El, dice que: frente a ese nombre se doblará toda rodilla en el cielo, en la tierra, y hasta en el infierno y a este "nombre sobre todo nombre" lo queremos borrar de nuestras vidas.

Para más confusión y desconsuelo en los últimos años, hemos visto surgir ciertos lideres de distintas denominaciones cristianas que se han sumado a la campaña de enemigos de la Navidad. Ellos, desde estaciones radiales gritan: ¡Es una fiesta pagana!, y basan su "guerra santa" contra la celebración del nacimiento de Jesús, en la creencia de que en la antigua Roma ese día la fiesta del "sol invicto"... al diablo no le faltan "casualidades". Otros estudiosos de la Palabra de Dios reclaman que Jesús no nació en esta fecha y proponen como solución al tema el olvidarse de esta fiesta. Pobres predicadores que quieren privar al cristianismo de lo más hermoso de Aquel que le dio vida, la sensibilidad.

Para los que unen sus fuerzas con el enemigo aclaremos algunos puntos:

Los cristianos no celebramos fechas, celebramos hechos. Nosotros nos alegramos y celebramos el hecho de Aquel que no cabe en el universo quiso nacer de una virgen en este pequeño planeta del inmenso universo para reconciliar al hombre con su Creador.

Como todo hecho neotestamentario, la Navidad tiene precedencia bíblica. Inclusive, el día 25 de Diciembre ya era celebrado en el antiguo pacto.

En 1 Macabeos 4, 52-53 leemos:
"52 El día veinticinco del noveno mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al despuntar el alba y ofrecieron un sacrificio conforme a la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían erigido"
Obviamente los no católicos no incluyen este libro en su canon, no lo consideran libro de inspiración divina, pero no pueden negar su valor histórico.

Judas Macabeo y sus hermanos ordenaron a los sacerdotes que purificaran el santuario y echaran fuera el altar profanado. En su lugar se edificó un nuevo altar y en la madrugada del 25 de Quisleu, correspondiente a nuestro mes de diciembre, fue consagrado. La fachada del templo fue adornada, se encendieron luces y fue grande la alegría en el pueblo.

También en la madrugada del 25 de quisleu, los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús. Así como el altar profanado fue echado fuera y se construyó un altar nuevo, así también el sacrificio antiguo y una ley profanada por preceptos humanos fueron anulados con el nacimiento del Mesías y un nuevo altar con un sacrificio perfecto fue instaurado para regocijo y salvación de toda la humanidad.

Este es el verdadero sentido de la Navidad, cuyo centro es Jesús y no un evento comercial o una fiesta pagana. Rescatemos la Navidad para Cristo y cantemos con los ángeles de Belén: "Gloria a Dios en las alturas y Paz en la tierra a los hombres que confían en Él."

¿Hemos de limitarnos a llenarnos de signos exteriores, como hermosos adornos, guirnaldas y enormes árboles de navidad?, ¿hemos de limitarnos a servir opulentas cenas y entregar costosos regalos?, ¿hemos de limitarnos a arreglarnos y vestirnos lo mejor que podamos?, todo eso tan sólo son adornos para el exterior.

Recordemos lo que el Señor Jesús nos dijo:
"Cuiden de ustedes mismos, no sea que la vida depravada, las borracheras o las preocupaciones de este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de improviso..." Lucas 21, 34

"¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de maldad. " (Mt 23, 27-28)

"El Señor le dijo: "Así son ustedes, los fariseos. Ustedes limpian por fuera las copas y platos, pero el interior de ustedes está lleno de rapiñas y perversidades. ¡Insensatos! " (Lc 11, 39-40)
La dureza de la expresión es significativa, porque el que se concentra tan sólo en lo exterior, está irrespetando a Dios, siendo que lo sensato es preparar nuestro corazón para que el Señor venga, hacer renovación de nuestro interior, renovación que no es posible sin el Señor. Por eso pide el salmista:
"Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu." (Sal 51, 12)
Y es que el Señor no rechaza el corazón que se convierte honestamente:
"Mi espíritu quebrantado a Dios ofreceré, pues no desdeñas a un corazón contrito." (Sal 51, 19)
En fin, que esta temporada de Adviento camino de la Navidad, y la Navidad misma, sean ocasión especial para que el Señor nos regale un corazón sensato:
"Enséñanos lo que valen nuestros días, para que adquiramos un corazón sensato." (Sal 90, 12)

"Les daré un corazón nuevo y pondré en su interior un espíritu nuevo. Quitaré de su carne su corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Así caminarán según mis mandamientos, observarán mis leyes y las pondrán en práctica; entonces serán mi pueblo y yo seré su Dios." (Ez 11, 19-20)
Así es que tiene sentido la Navidad. Así es que tienen sentido los adornos y las celebraciones, pero en la sencillez que gusta al Señor que es la que conviene a nuestra naturaleza y todo como testigos de una realidad eterna y no pasajera.

Que esta Navidad sea otra ocasión para el nacimiento de Jesús pero en nuestro corazón, lo que supone que nazcamos a la nueva vida como El mismo nos lo enseñó:
"En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba". Nicodemo le dijo: "¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al vientre de su madre para nacer otra vez?" Jesús le contestó: "En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu". (Jn 3, 4-6)

Tema: La alegría del matrimonio (I)

El hoy por ti, mañana por mí no es el fundamento de la donación mutua, sino más bien el siempre por ti.

Por: Emilio Chuvieco Salinero | Fuente: http://www.religionenlibertad.com


"El amor no es sólo una cosa espontánea o instintiva: es una elección que hay que confirmar constantemente. Cuando un hombre y una mujer están unidos por un verdadero amor, cada uno de ellos asume sobre sí el destino, el futuro del otro como si fuera propio, aun a costa de fatiga y de sufrimiento, para que el otro “tenga la vida y la tenga en abundancia” (Jn 10,10). (...). Sólo así se ama en serio, y no por juego ni de forma pasajera. Cuando el otro oiga que le dicen «te amo», entenderá que esas palabras son verdaderas, y también él se tomará en serio la experiencia del amor" (S. Juan Pablo II, Discurso a los jóvenes de Lombardía).
Hace unos días asistí a la boda de un familiar cercano. Toda boda es un motivo de alegría, porque dos personas inician una andadura de amor y apoyo mutuo, y se prometen fidelidad permanente. El matrimonio no es un invento cristiano, indidudablemente, pero adquiere en el cristianismo un "sello de distinción", un marcharmo que aplica las gracias propias de un sacramento a la vida conyugal, plena de gozos y alegría, pero no exenta de dificultades. El matrimonio cristiano no es una opción estética (al final y al cabo es más bonita una iglesia que un juzgado), sino una opción trascendental, porque tiene mucho impacto y porque trasciende al amor de dos personas, para que sea de tres, ya que Dios les acompaña de modo especial a partir de ese momento. Un matrimonio feliz puede darse también entre esposos no cristianos, naturalmente, pero la gracia del matrimonio cristiano refuerza el compromiso humano haciendo que tenga una dimensión mucho más sólida y definitiva, que fortalece con la gracia de Dios la entrega mutua de los cónyuges. El matrimonio es camino de santidad para los cónyuges que han recibido esa vocación, tan divina como cualquier otra, que saben fundamentar su amor humano en el amor a Dios, a quien confían la garantía de su mutua disponibilidad. El matrimonio es alianza estable, firme, perfectamente compatible con las dificultades que toda unión íntima entre personas lleva consigo, porque esas dificultades se superan con la gracia sobrenatural y la alegría que acompañan al sacramento. Los cónyuges cristianos encuentran en la convivencia mutua una estupenda ocasión de generosidad, de pensar en el otro, de darse sin medida, como Jesús nos mostró, lo que convierte esa unión en más sólida, más segura y generosa, porque está plagada de detalles de búsqueda de Dios en el otro. Esto es posible, no estoy hablando de una entelequia sacada de un cuento de hadas. Existen matrimonios así, como existen cristianos consecuentes, guiados por una vida de unión con Dios intensa, de oración y sacramentos.
Desde hace unos años, estoy intentando introducirme en el arte de la cocina. En ese aprendizaje, he podido comprobar que no es suficiente con saber los ingredientes y las proporciones, sino que resulta clave, especialmente cuando el plato tiene que pasar por el horno, conocer el tiempo y la temperatura de cocción. Esta modesta experiencia culinaria me lleva a afirmar que la vida cristiana es como un buen asado; si no tiene la temperatura adecuada, no sale bien. Por eso, en la vida conyugal, cuando la temperatura espiritual de los esposos disminuye, cuando Dios queda sólo como una invocación eventual, cuando deja de ser el centro y pasa el individuo —nuestro pobre egoísmo— a ocupar su lugar, las posibilidades de un matrimonio dichoso disminuyen considerablemente, como muestra la sensible correlación entre la pérdida de práctica cristiana y la tasa de divorcios, en todos los países de nuestro entorno. Hay muchos matrimonios de personas sin fe que son también dichosos, y me alegro mucho por ello, pero sería estupendo que ese amor humano tan fuerte se robusteciera mucho más todavía con los vínculos espirituales entre los esposos que da la cercanía a Dios. Un matrimonio donde los esposos tratan de estar muy cerca de Dios, de ponerle en el centro de sus afanes, de sus alegrías y sus penas, y por Él, de pensar constantemente en el otro, está abocado a la felicidad, aun en medio de contrariedades y sinsabores, pues esas circunstancias también serán alimento de la alegría.

Tema: Vivir el Adviento en familia.


Vivir el Adviento en familia.

Autor: Beatriz Montes Ferrer

Fuente: www.caminayven.com

Vivir el Adviento en familia«El Adviento es un tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús», contestaba un niño a su catequista ante la pregunta sobre el significado de esta palabra.

«Pero, ¿qué tenemos que hacer para prepararnos?», continuaba cuestionando ella, a lo que su alumno respondió, un poco de memoria por lo ya escuchado varias veces en otras catequesis recibidas en la parroquia: «portarnos bien, ser obedientes, ayudar, no pelearnos…»

Esta escena se repite cada año en muchas parroquias, colegios… Los niños conocen bien la respuesta, sí, el que viene es Jesús, nació en Belén y esto lo celebramos los cristianos en la fiesta de la Navidad… pero, entonces, los que no son cristianos ¿qué están celebrando?.

La alegría que desprenden los rostros de los niños cuando ven las calles de su ciudad llenas de luces, los escaparates repletos de adornos, es realmente contagiosa. Todo es un estallido de colores, suena música navideña por cada rincón, hasta parece que las personas que te saludan lo hacen con más ilusión. En la televisión los anuncios te invitan a comprar ese magnifico perfume que sería ideal para atraer más a tu pareja, ese último ipad, ipod o juego para la consola que ha salido nuevo, una tablet porque hay que estar a lo último y un sin fin de juguetes que a los niños vuelven locos.

Es tiempo de hacer regalos a los seres más queridos y de organizar comidas de empresas para convivir de “otra forma” con los compañeros de trabajo (pero sin el cónyuge, por favor), es momento de reconciliarse con los familiares o amigos más alejados, de preparar la cena de Noche Buena… hay que darse prisa por hacer las compras necesarias para que todo quede perfecto. ¡Ah! y que no se olvide un buen vino y champán.

Así es como muchas personas se preparan en Adviento para acoger y celebrar el acontecimiento que ha revolucionado el mundo, el más importante para el ser humano: «Dios mismo no ha querido ser un Dios lejano, sino que se ha hecho hombre, nacido de una mujer que dijo sí a la  voluntad del Altísimo».

Es maravilloso todo esto de los adornos, los villancicos y las reuniones familiares, pero lo que los cristianos no podemos nunca olvidar es el verdadero sentido de esta fiesta y es nuestra responsabilidad como adultos, padres, educadores, religiosos… saber transmitírselo a nuestros pequeños, los más vulnerables ante este bombardeo materialista y que serán los hombres y mujeres que en un futuro intervendrán de una manera u otra en el desarrollo de esta sociedad.

La familia es sin duda el lugar idóneo para que ellos vean algo diferente a lo que tienen a su alrededor, para que reciban el don de la fe como el mejor regalo que cada año les pueden hacer los Reyes Magos. Es el corazón el que, en primer lugar, tanto los niños como los adultos debemos estar dispuestos a preparar. Para ello los padres deben aprovechar cualquier ocasión para recordarles que ahí dentro es donde nacerá Jesús, y es por ello que debe encontrar un pesebre limpio de pecados, sin rencillas con los hermanos, sin mentiras, un corazón muy grande para amar a todos.

Por supuesto la casa debe de prepararse también, pues es una gran fiesta, y como tal, merece que se engalane como la ocasión se merece: con los mejores adornos que tengamos, incluso se pueden divertir mucho si los fabrican ellos mismos. Es una ocasión idónea para ir explicando a los niños el significado y origen de éstos: la corona de Adviento con sus hojas de pino, las 4 velas, cada Domingo se puede reunir la familia en torno a ella, hacer una oración y encender una vela, aunque ya en la misa se vea nuevamente realizado por el sacerdote. También podemos ir preparando el árbol de Navidad con sus distintos elementos, y por supuesto, el portal de Belén que no puede faltar en un hogar cristiano. Esto les encanta: poner ovejitas, el río, los pastorcillos… aprovechando para contarles relatos, leerles textos bíblicos y de esta manera ir introduciéndoles en el verdadero significado de la fiesta que estamos esperando (sin el niño Jesús, claro, pues aún no ha nacido).

Rezar en familia es algo muy enriquecedor y necesario siempre, pero sobre todo en estas fechas. Ayuda a todos a disponer el corazón compartiendo también experiencias, dudas, aprovechando para reconciliarse unos con otros y haciéndoles ver a los pequeños (y no tan pequeños) que la familia se mantiene unida gracias al amor de Jesucristo que está en medio de ella, pues cada uno tiene sus debilidades y pecados y es por lo que este mundo necesita  de Jesús que pronto nacerá. Proponer también algún pequeño sacrificio como el no ver determinados dibujos de la tele para ofrecerlo por los más necesitados, ser más amable con los hermanos, ayudar más en casa, esforzarse en los estudios… les ayuda a mantener el interior en una constante alerta ante el acontecimiento que se avecina.

No podemos olvidarnos de la Virgen Maria, es ella la que espera con más ansias e ilusión a que nazca Jesús, pues es su hijo, al que lleva en su seno… rezarle un rosario con los hijos es algo que seguro le agradaría mucho. Si los niños son aún pequeños, se les puede iniciar con “los misterios gozosos” muy propios de  este tiempo litúrgico.

También se pueden conseguir cuentos propios de este tiempo, tanto en librerías como en páginas web.

La fe es sin duda el mejor regalo que se puede dar, pero ¿saben acaso qué es eso? Pues los más pequeños seguramente no, pero lo repetirán una y otra vez como lo más normal del mundo si lo escuchan al resto de su familia, ya lo entenderán, ya sabrán qué es; y los mayorcitos, estarán cada vez más capacitados para ir descubriendo, con ayuda de los adultos, qué es eso para su vida, esa confianza en el Señor.

A los niños se les han de decir las cosas claras para que no vivan en la ignorancia, pues de otra manera llegarán a creer que el Adviento es lo que en muchos colegios o amigos pueden oír: diversión, ir pensando en los muchos regalos que se van a pedir y comer muchos dulces. Inculcarles algo contrario a lo que viven casi diariamente, el materialismo y consumismo que nos rodea, parece tarea difícil, pero no imposible. Sólo educándoles en la precariedad en este sentido, en no desear más que lo necesario, en saber compartir con los más desfavorecidos y acercarles en la medida de lo posible a esa otra realidad, les podremos ayudar a vivir la vida y en concreto, el Adviento, de una manera diferente (bueno, y también soportando muchas quejas, cabreos y comparaciones con lo que otros sí tienen y ellos aún no).

Muchos niños ya no hacen carta a los Reyes Magos, pues se impone una vez más lo de fuera que lo propio de nuestras raíces; y Papa Noel y Santa Claus han ganado mucho terreno. Es importante que sepan el origen de unos y otros, sin menospreciar las costumbres de los países de donde proceden pero sí haciéndoles ver que, en definitiva, Papa Noel no fue al portal a ver al niño Jesús a llevarle regalos, principalmente, porque no existió (San Nicolás sí fue real). Que no pierdan nunca la ilusión y la fe en los Reyes Magos es algo fantástico, que se crean que realmente lo que se les pide tienen el poder de concederlo. Yo aún les escribo una carta todos los años y nunca me han fallado…

La familia es el lugar donde se transmiten la fe y los valores cristianos. No debemos dejar esta tarea sólo a educadores o catequistas, sino que ha de haber una armonía entre ambos, pues si en casa no se vive con alegría esa experiencia de que Jesús viene a traernos la salvación y la felicidad, no creamos que le va a dejar mucha huella lo que escuche en clase de religión (hora y media a la semana), pues el ambiente de alrededor seguramente lo acabe cegando. Es tarea y responsabilidad de todos pero, principalmente, de los padres y todos aquellos familiares que juntos hacen una magnífica Iglesia doméstica.

Muchas son las cosas que en familia se pueden hacer para un tiempo de preparación, de sólo hay que tener siempre presente a Jesús, a María, su madre y madre nuestra y mucha, mucha ilusión.

¡Feliz Adviento!

Tema: La familia y el VIH/SIDA

Por: Gerardo Soler Cedré

Portada del libro Conviviendo con VIHConvivir con personas portadoras del virus del VIH requiere de información para ayudar al afectado y asumir adecuadamente el rol de familiar, amigo, compañero de trabajo o estudio, e incluso el de pareja. Aunque en general se puede controlar el desarrollo de la infección y alargar la existencia de quienes la padecen, este padecimiento no tiene cura. La vida de los que portan este virus puede resultar satisfactoria si estas personas conviven en un clima solidario.

No obstante, en el plano social, e incluso familiar, no siempre existe comprensión para con las personas que contraen la infección del virus del VIH y conviven con ella, pues a veces, por desconocimiento o por prejuicios, los enfermos son estigmatizados y discriminados, lo cual genera consecuencias devastadoras en su autoestima y, lo que es más grave aun, predispone su cooperación a la hora de tomar las medidas necesarias para protegerse a sí mismos y a los demás, aumentando el riesgo de contagio en otras personas.

A tales efectos, diferentes iniciativas encaminadas a la búsqueda del necesario apoyo social y familiar a las Personas que Viven con el VIH/SIDA (PVVIH), como fue el caso de la campaña cubana de sensibilización «Con amor de buena fe, ayúdale a vivir», bajo el objetivo esencial de «contribuir a reducir y eliminar el estigma y la discriminación hacia las personas que viven con el VIH/SIDA», y cuyo desarrollo entre diciembre de 2003 y abril de 2004, y el posterior seguimiento a lo largo de ese último año, tuvo una importancia vital para lograr una conciencia ciudadana hacia este problema de salud.

Desterrar del pensamiento de amigos y familiares de un enfermo del VIH/SIDA, expresiones como «no me dejan que hable contigo», «confiaba en ti: ¿cómo me has hecho esto?», «has deshonrado a la familia» y otras de similar connotación, significa erradicar uno de los síntomas más dolorosos para el portado del VIH: el del temor a ser rechazados, una de las formas de discriminación más desalentadoras para quienes conviven con un mal que requiere de una conducta solidaria, de respeto y amor, por sus afectos más cercanos, así como de aquellos que forman parte de su entorno laboral y comunitario.

Por todo lo anterior, resulta de sumo interés la publicación en el año 2003, por el Centro Nacional de Control y Prevención de las ITS/VIH/SIDA, del manual Conviviendo con VIH, preparado por los licenciados Oscar Albear de la Torre e Iris Lugo Carro, bajo la asesoría de las doctoras Rosaida Ochoa Soto, directora del mencionado centro, y Myrna Villalón Oramas. La obra está dirigida básicamente a las familias de las PVVIH en Cuba.

La validez de este folleto radica, sobre todo, en el tratamiento de los temas, pues parten de la experiencia práctica acumulada, tanto por los profesionales del sector de la salud encargados de llevar adelante el estudio y enfrentamiento de la infección, como por personas portadoras del VIH, familiares y amigos involucrados de alguna manera en la lucha contra el SIDA, quienes han aportado experiencias y sugerencias valiosas para la confección de este manual, cuya esencia, según refieren los autores, es contribuir «a la creación y enriquecimiento del mensaje de amor y esperanza que a través de él queremos hacerles llegar».

Así, en diez capítulos escritos de una manera sencilla para que resulte asequible a un público general, se responde a un conjunto de interrogantes que, de manera general, preparan a las personas que deben tratar tanto con los afectados con el VIH como con los que ya están enfermos de SIDA, y asuman, desde el mismo momento en que la enfermedad se conoce, una conducta no solamente solidaria y comprensiva del problema, sino la forma en que deben enfrentarlo para hacer más llevadera y útil la existencia de las PVVIH.

Resulta de interés la estructura del manual. Los autores han desarrollado la información inherente a cada capítulo como respuesta a la narración testimonial de una madre imaginaria que debe sobreponerse al dolor y el sufrimiento que le ocasiona un hijo afectado por el VIH, para proporcionarle «un espacio de cuidados, comprensión y amor».
De manera progresiva, con explicaciones precisas, objetivas y actualizadas, se va abordando el tema de la atención familiar a las PVVIH, desde el momento en que se diagnostica la presencia del virus, hasta los momentos finales —la enfermedad y la muerte—, e incluso cuando existe la presencia de un hijo nacido de la relación de pareja del enfermo. Todo lo anterior conduce a que se desarrolle en el medio familiar del afectado un clima de respeto y compromiso con el cuidado y la atención que demandan esas personas, lo cual debe extenderse también a través de amigos y compañeros de trabajo, a su entorno social y laboral como única forma de elevar la autoestima del enfermo y garantizarle una vida activa durante mucho tiempo.

Dentro de las principales interrogantes que pueden hacerse las personas que conviven con un enfermo del VIH/SIDA, y que tienen adecuadas respuestas en este manual, se hallan: ¿cuáles son las reacciones emocionales de la familia al conocer que tienen un afectado por el VIH?, ¿cómo podemos ayudar a esa persona?, ¿puede integrarse social y laboralmente?, ¿qué tipo de trabajo puede realizar?, ¿cuáles son los indicadores del deterioro de su salud?, ¿cómo prevenir las enfermedades e infecciones que se le presenten?, ¿qué tratamiento debe realizar el enfermo?, ¿la convivencia con un enfermo puede afectar a otros miembros de la familia?, ¿por qué es vital para él una adecuada nutrición?, ¿cómo debe enfrentar la familia la muerte del enfermo y qué hacer después?, ¿cómo enfrentar el embarazo de una mujer seropositiva? Y finalmente: ¿cómo ayudar y cuidar a los niños que viven con VIH o SIDA?

El espectro de temas que abarca este manual en relación con el apoyo que se les debe brindar a los enfermos con VIH/SIDA en el entorno familiar, y por extensión al social y laboral, es, a la vez que abarcador, muy concreto en la exposición de sus propósitos, pues de lo que se trata es de que todos ganen comprensión del significado de ese apoyo, a la vez que tengan en sus manos una herramienta útil que les permita, con conocimiento de causa, convivir con la PVVIH.

Pero en la misma medida en que los diferentes organismos e instituciones de salud llevan los programas de enfrentamiento de la epidemia a escala macrosocial, la célula fundamental de la sociedad —la familia— tiene ante sí el reto de aprender a convivir, en su seno, con quienes contraen la enfermedad. Y en ese sentido existen en el país numerosos servicios de ayuda, relacionados al final del manual; porque, sin duda, como se expresa en el texto, «la ayuda alivia el dolor y hace posible encontrar soluciones cuando el sufrimiento no deja verlas».

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