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Tema: Cuaresma en familia

Primer Domingo de Cuaresma y por otra parte es el Día Nacional de la Familia


Por: + Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de Tehuacán | Fuente: Catholic.net 



Acabamos de vivir, el pasado miércoles, el Rito de la Ceniza. Es importante que éste no sea un gesto aislado, sino el inicio de un tiempo de gracia, el Tiempo de la Cuaresma.

Pues bien, el próximo domingo tenemos dos celebraciones, de origen muy diferente pero que se pueden armonizar: por una parte es el primer Domingo de Cuaresma; por otra parte es el Día Nacional de la Familia.

La familia es el grupo primario donde hemos nacido y crecido. La familia puede favorecer o entorpecer nuestro desarrollo, nuestra educación, según prevalezca la integración o desintegración familiar. Una familia integrada, unida, en que todos están pendientes unos de otros para ayudarse en las diversas situaciones, es una familia que ayuda en la educación de todos y cada uno; en cambio, una familia desunida, desintegrada, que cada quien camina por su lado, con constantes conflictos, es una familia que, por el contrario entorpece y dificulta el desarrollo de la persona. En el VI Encuentro Mundial de Familias, que tuvo lugar el pasado mes de enero en la ciudad de México, reflexionábamos acerca de la misión formadora de la familia en los valores humanos y cristianos, lo cual podemos aplicar concretamente en la adecuada vivencia de la cuaresma.

Pero hay factores que hacen remar contra corriente en este sentido: Desde luego todos los signos de desintegración familiar, de conflictos en la relación; a ello se suma la valoración de lo individual –mis proyectos, mis derechos, mi libertad-; el énfasis en lo material, en el placer; la pérdida o la indiferencia del sentido de Dios; la crisis económica que golpea y aturde. Sin embargo, no es para desalentarnos, no hay familia perfecta, en la que no haya ninguna situación negativa. Todos, en lo individual y familiar, estamos en camino de desarrollo y mejoría.

La decisión de vivir la cuaresma en familia es un apoyo valioso, pues no lleva a hacer un alto en el camino para repensar las decisiones y acciones. Dios no es ajeno a nuestra vida, sino nuestro Creador y Padre; la Iglesia no es la extorsionadora con ideas y prácticas superadas, sino la familia de los hijos de Dios, de los hermanos de Cristo Jesús; la cuaresma no es un tiempo anticuado y fastidioso, de penitencias insulsas ya caducas, sino tiempo de gracia, de revisión y conversión que nos lleva a la fiesta del amor renovado.

Dios hizo buenas todas las cosas, especialmente al ser humano –varón y mujer- los hizo “muy bien”, “a su imagen y semejanza” y a quienes encomendó crecer y multiplicarse, usando sabiamente de todo lo creado; pero Adán y Eva sucumbieron a la tentación, queriendo ser como dioses. De ahí que nosotros, como todo ser humano, nacemos y vivimos con la inclinación a pecar. Pero Dios no nos abandonó, sino que prometió enviar un Salvador. La Alianza que Dios estableció con Noé, con Abrahám y sobre todo con Moisés, son anuncio de la Alianza que realiza con nosotros por su Hijo Jesucristo, quien para ello murió en la cruz y resucitó, venciendo a la muerte.

Durante la cuaresma en familia, vamos a ir viviendo estas diversas Alianzas de Dios con su pueblo –especialmente los primeros domingos de cuaresma-, Alianzas que nos llevan a la suprema Alianza de Jesucristo.

¿Qué podemos hacer en familia para vivir la cuaresma? Muchas cosas, yo sugiero sólo algunas: 

1) Recuperar el sentido de un Dios que nos ama como Creador y Padre, ante quien hemos de ser agradecidos. Para ello cultivar constantemente la relación con Dios como Padre Bueno; recitar muchas veces, con confianza, la oración que Jesús nos enseñó, del “Padre nuestro”, disfrutándola, meditándola, practicándola. Cultivar la actitud de ser agradecidos con Dios: por la vida que nos concede, cada día como una novedad, el tener familia, trabajo, el tener amigos, el poder ir saliendo adelante…

2) Recuperar el sentido de nuestros pecados. Todos hemos pecado, reconocerlo es un signo de valentía y humildad. Pero los reconocemos ante un Dios que es lento para enojarse y generoso para perdonar, clemente y compasivo. Ayuda saber pedir perdón y perdonar en familia, lo cual no nos rebaja sino que nos ennoblece, especialmente a los adultos, así los niños y los adolescentes también aprenden a pedir perdón. Perdonar y pedir perdón en familia, fortalece la cercanía y la confianza, que cada uno se sepa digno y valioso.

3) Atrevernos a cultivar la actitud del hijo pródigo, que se anima a regresar a la casa paterna confiando en que su padre no lo rechazará. Promover en la relación familiar a darnos tiempo para escucharnos, especialmente escuchar a quien ha vivido una experiencia negativa y dolorosa. También en familia, animarnos y prepararnos a la confesión individual, especialmente en este tiempo de cuaresma.

4) Gozar la fiesta del perdón y del reencuentro que Dios Padre organiza en beneficio nuestro. El sacramento de la reconciliación es la delicia del perdón que Dios nos regala; la Eucaristía es la fiesta de Cristo Jesús que se ofrece en sacrificio a Dios Padre y en banquete como Pan de vida eterna a nosotros.

Los valores que implican estas actitudes, han de ir siendo cultivados desde la más tierna infancia, con la convicción de que nosotros los hemos experimentado y hemos gozado de sus frutos y ahora anhelamos que los pequeños y los jóvenes los vivan también. Tengamos en cuenta que los hábitos se forman a través de frecuentes conductas. Los buenos hábitos no son sólo fruto de estudio y reflexión, sino sobre todo fruto de obras buenas que se aman, de esta manera se convierten en convicciones que se expresan en los muy variados momentos de la vida, alegres o adversos.

De esta manera la penitencia cuaresmal –incrementando la oración, el ayuno y la limosna- no es la fatiga de algo molesto y cansado, sino el baño saludable que nos regenera en la condición de hijos de Dios. La Cuaresma, así, nos lleva al gozo de la Pascua, para compartir el paso de Cristo: del dolor de la muerte en la Cruz a la alegría de su resurrección.


+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

Tema de Familia: Los hijos, ¿propiedad o misión?



Por Fernando Pascual - fpa@arcol.org
Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... “tenemos cuatro hijos”.
Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela...
Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.
Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro... La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.
Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas...
Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...
Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...
La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...
San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...
Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.
Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial...

La Cuaresma: Tiempo de penitencia, oración, ayuno y misericordia


Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.  Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres.  Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.  Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos.  Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.  Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan.  Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.  Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensaraMateo 6; 1 – 6; 16 - 18
El primer punto de nuestro encuentro catequístico de hoy es: la Cuaresma camino de oración ayuno y misericordia. En el Evangelio aparece claro el camino de la Cuaresma. En espíritu orante en ayuno y caridad penitencial es desde donde el Señor nos invita a prepararnos a la Pascua de Resurrección. Cuaresma indica 40 días porque 40 días fueron los que Jesús permaneció en el desierto en combate contra el espíritu del mal ayunando y orando.
Cuaresma es el camino de reconocimiento de nuestra condición pecadora para abrirnos a la Gracia de conversión que nos regala la presencia del Señor que está cerca con su mensaje del reino, del nuevo orden. Se acerca un nuevo orden. Prepárense. Es decir conviértanse a la nueva propuesta. Modifiquen su manera de pensar, de sentir, de trabajar, de proyectarse, de afectarse interiormente y motivacionalmente a lo que es encontrarle el sentido a la vida. Conviértanse porque hay algo nuevo que está cerca. El Reino de Dios está cerca.
De hecho en éste día la imposición de las cenizas nos va a recordar que somos polvo y al polvo volvemos y urge convertirse y creer en el Evangelio de Jesucristo. El trae muy Buenas Noticias. Convertirse significa cambiar la vida en su raíz. El cambio que Dios quiere de raíz es del corazón. El cambio que propone Jesús no es una cosmética sino una transformación del corazón para una vida nueva renovada en El.
El camino es de unidad con Cristo. Es decir, es un camino donde vamos avanzando en la comunión con la presencia del Señor hasta llegar a la Pascua y con El también ingresar con a esos lugares de la vida donde somos invitados definitivamente a abandonar el pecado y todo lo que es contrario a Dios y su propuesta y adherirnos profundamente al misterio de la Gracia revelado en Cristo.
El mismo corazón del Señor que viene a nuestro encuentro nos invita a ahondar desde El lejos de las apariencias en nuestros vínculos. Convertirse desde el Corazón de Jesús hasta tener los mismos sentimientos que Jesús. Con Dios en el corazón convertidos, con nosotros mismos transformados por el ayuno que nos permite superar nuestro desorden natural.
El que viene por la herida que tenemos del pecado. El orden nuevo que genera la presencia de invitación desde el centro del mensaje de Jesús a la caridad fraterna por las obras de misericordia. El Señor está cerca nos convirtamos. ¿Donde y como se percibe ese olor a la cercanía de Jesús?
El segundo punto de nuestro encuentro de hoy es: en la cuaresma la oración del corazón Cuando oren dice Jesús hoy no sean como los hipócritas que gustan de orar en las sinagogas, en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres. En verdad les digo que ya reciben su paga. En cambio cuando vayas a orar entra en tu aposento y después de cerrar la puerta ora a tu Padre que está allí en lo secreto y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.
Cuando se habla de lo secreto, silencioso de la oración se refiere al corazón que no es el 9intimismo reservado a un sentimiento religioso vago donde nadie tiene acceso. A ese estilo de oración de corazón sentimental le llamamos relación de intimismo clausurado donde son yo y Dios en ese orden o un poquito mejor Dios y yo pero nadie más. No es la oración del corazón la oración del intimismo.
El corazón bíblicamente es el centro de la vida donde todos loas planos vinculares confluyen por tanto a la oración entramos desde el corazón con y desde lo más hondo de nuestro ser personal. Tiene que ver con uno y su circunstancia, uno y su familia. Uno, el que entra a orar y su trabajo, sus amigos, su apostolado, su historia el contexto donde uno vive forma parte de nuestra oración del corazón. La oración del corazón en lo secreto lo secreto se abre a todos loa planos y dimensiones de la existencia. No es una oración que clausura es una oración que abre. Cerrar la puerta para entrar en ese mundo amplio
Ese universo donde se gesta la vida, se entreteje la vida. Lejos está la oración del corazón de cortar con todo. Cerrar no es encerrarse sino ahondar en la profundidad de lo relacional donde se gesta la vida de la intimidad, de la profundidad. Nada de todo esto le resulta a Dios desconocido de lo que allí convive con nosotros.
Si le resulta desconocido a uno si no se reconoce a si mismo desde ésta dimensión de interioridad vincular. Uno se desconoce pero Dios no desconoce lo profundo de nuestro corazón y desde allí los vínculos que se establecen en todos los planes de nuestra existencia desde lo más central de nuestro ser. Cuando en fe atraviesa nuestro corazón los rostros, las manos, la historia de dolor, de alegría de los que comparten su vida con nosotros y lo de cada día sea relación de amistad o no entonces la oración está siendo vivida desde el ritmo cardíaco, desde el centro de nuestro ser personal y la presencia del Espíritu que es el que reza en nosotros se hace presencia transformadora de vida.
La oración es para transformar la vida si es oración desde éste sentido de corazón Desde la oración de corazón salimos lanzados a mejores relaciones con los demás. Es que los otros no son extraños en la oración. Forman parte de ella al formar parte de nuestro vínculos cordiales, es decir de corazón. Entiéndase vitales. La vida es la que aparece en la oración. Cerrar la puerta no es ir a un lugar de muerte No es elegir un sarcófago. Cerrar la puerta para orar es encontrarnos con los vínculos más hondos que forman y pueblan nuestra existencia allí en el corazón
La cuaresma tiene como 3 grandes movimientos la oración del corazón, el ayuno y la penitencia que en realidad son obras de misericordia porque no quiero sacrificios dice Dios misericordia quiero. Al final hago una sencilla explicación de que es la ceniza sobre nuestra frente. Es un recordar que somos polvo y al polvo volvemos. Que la vida es efímera. Que pasa. Que Dios no pasa y que por tanto hay que poner la mirada no en las cosas que pasan sino en aquellas que permanecen. Ese es el sentido de la explicación de la ceniza y por eso la urgencia de convertirse.
El tercer punto de nuestro encuentro es ayunar en cuaresma. En el ayuno expresamos nuestra libertad que responde a Dios que nos llama a ordenar nuestra vida: conviértanse. Ayunar es una manera de decirle a Dios que estamos dispuestos acomodar todo nuestro ser natural para poder darle respuesta a su querer y voluntad. Ayunar es decidirse a cambiar y expresamos esa decisión apartándonos de lo que no nos permite estar cerca de Dios. Por eso cualquiera sea la privación a la que nos atenemos cuando ayunamos porque comemos menos porque ese día comemos pan y tomamos agua, porque comemos solo la fruta, verduras.
Lo que estamos expresando mucho más allá de cual sea el gesto al que hay que atarse lo que estamos expresando la determinación de apartarnos de lo que nos aparta de Dios. Esto es el pecado. Por eso los Padres de la Iglesia decían cuando ayunamos, ayunamos de pecado. Ayunamos de pecado en la decisión de ordenar nuestra vida de acuerdo y conforme a esa invitación de Dios a cambiar y a transformarnos.
Además ayunar es relativizar cualquier bien del que nos estamos privando para expresar en esa privación la el bien superior al que hemos decidido vincularnos. Cuando nosotros decimos no como estoy diciendo no solo de pan vive el hombre. Hay un alimento superior, la Palabra que brota de la boca del Dios vivo. Cuando nosotros nos privamos de algo y reducimos nuestro bien estar para darlo a otros. Eso que ahorramos en comer, en una determinada vestimenta, hacemos penitencia en nuestra manera de vestir, en nuestra manera de comer ,en algún gasto que podría hacer legítimamente pero que podríamos evitar también legítima y saludablemente porque sentimos que así Dios nos lo pide eso que no gastamos en términos de economía lo damos en caridad para hermanos que lo necesitan.
Ayunar es decir yo me privo de esto y con mi privación doy a otro y expreso a través de esto que hay un vínculo de caridad que es superior en calidad de vida a cualquier placer que yo legítimamente puedo darme. Ayunar es siempre elegir un bien superior. Ayunar no es privarse. En todo la privación que hagamos supone un ajustar nuestra naturaleza en el reconocimiento que hay un bien superior sea un bien caritativo por encima del bien placentero, de un goce legítimo que podernos darnos, sea del Bien Superior con mayúsculas, del Dios vivo al que le decimos al privarnos de un alimento la Palabra de Dios es mi alimento y vincularnos un poco más a ella.
Ayunamos con la determinación de ordenar nuestra vida y de poner las cosas en su lugar. Dios primero y el amor a los hermanos en segundo lugar y de ahí un profundo amor a nuestra persona. Un ordenado amor y un cuidado real de nuestro ser personal dejándonos de engañar con cualquier otro discurso de calidad de vida que nada tenga que ver con el gozo interior que da la presencia del Dios vivo.
El ayuno para ser cristiano tiene que estar en comunión con Cristo .Para nosotros el ayuno no es solamente una saludable manera de cuidado de nuestra naturaleza. Es un vínculo profundo con la persona de Jesús por eso no se puede ayunar cristianamente sin estar en comunión con El Señor.
De allí la necesidad del tiempo de Cuaresma a la hora de ayunar también tener un tiempo para la reconciliación con el Señor, para la confesión. El Señor nos llama a vincularnos más desde El apartándonos de todo desorden que impide que en nosotros habite su querer y voluntad. Siempre la Gracia de Dios supone la naturaleza.
Es como cuando uno dice “voy a cargar una bolsa que lleva un contenido importante. Si la bolsa está rota lo que quisiera poner en ella se va a escapar por donde está rota. Así también la vida de la Gracia supone nuestras heridas sanas para que la Gracia de Dios circule saludablemente por todo nuestro ser
El cuarto punto de nuestro encuentro es misericordia quiero y no sacrificios.
Cuando el Antiguo Testamento las ofrendas hechas a Dios están vacías de interioridad el Señor advierte que no es el objeto ofrecido lo que le agrada sino el corazón de quien se ofrece en ese sacrificio. Misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocausto .Es una constante al lado del  Antiguo Testamento el pueblo sabedor de su necesidad de vínculos con el Señor en una respuesta concreta a su presencia de tanto amor ve poder simplificar ésta respuesta con la entrega de algo de si mismo desentendiéndose del Dios de la vida que le abarca toda la vida.
El camino del conocimiento de Dios viene de la mano del amor. El amor nos hace inteligente en el conocer a Dios que claramente lo define Juan: Dios es amor. El amor se expresa más en obras que en palabras decía San Ignacio de Loyola. Esa expresión tan bonita de la Carta de Santiago muéstrame tu fe sin obras que yo por mis obras te mostraré mi fe.
De ahí que la práctica de las obras de misericordia son un camino de renovación en el conocer interiormente a nuestro Señor, en el vivir en Cristo que es hacia donde nos conduce la Cuaresma. La misericordia es lo propio de Dios y en ella se manifiesta de forma máxima su omnipotencia, decía Santo Tomás de Aquino.
Las obras de misericordia se dividen en 2 según el Catecismo de la Iglesia Católica siguiendo la tradición de dos mil años de vivencia de la caridad en el corazón mismo de la Iglesia   Obras de misericordia corporales y espirituales. Las corporales son dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar al enfermo, asistir al preso, dar posada al caminante, sepultar a los muertos. Porque cuando hacemos esto dice el Profeta Isaías estamos ayunando El ayuno que yo quiero tiene que ver con todo esto dice Isaías capítulo 58.
Las obras de misericordia espiritual también la podemos aplicar en éste tiempo de Cuaresma: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesite para eso pedir la Gracia de la sabiduría Que la Palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza que sepan aconsejarse unos a otros y enseñarse mutuamente con palabras y consejos sabios Colosenses 3, 16
También forma parte de las obras de misericordia corporal: corregir al que se equivoca.
Si tu hermano ha pecado contra ti anda a hablar con el a solas Si te escucha has ganado a tu hermano ,si no te escucha lleva contigo a 2 o3 de modo que el caso se decida por boca de 2 o 3 testigos si se niega a escucharlos pide a la Iglesia reunida
Perdonar las injurias Pedro le dijo cuantas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano ¿hasta 7 veces? No digas 7 veces sino 70 veces 7 Consolar al afligido como dice 1 Tesalonicenses 5,11 anímense mutuamente y ayúdense unos a otros a crecer juntos Tolerar los defectos del prójimo.
Eso que tanto necesita nuestra sociedad. Acrecentar en tiempos de crisis como los que estamos viviendo los umbrales de la tolerancia y saber soportarnos mutuamente como dice Colosenses3,13 sopórtense, perdónense unos a otros si uno tiene motivos de queja contra el

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