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El Trabajo en Equipo es uno de los valores más grandes en nuestro Movimiento, para que todo resulte bien para Gloria de Dios todos ponemos un granito de arena.

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La oración comunitaria es la expresión de la fe que nos une a todos en una misma plegaria a Dios por nuestras familias.

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Se comparte a través de temas que desarrollan los matrimonios, bajo la luz del Espíritu Santo.

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Tema: El noviazgo a los ojos de Dios

Cuando buscamos el comienzo de una relación de novios, con un chico o chica que nos gusta, se sienten un sinfín de sensaciones, las cuales mueven emociones que siempre tienden a pensar en esa persona anhelada, y esto nos lleva a incrementar esa aspiración de ser correspondidos por esa persona.
 El inicio de un noviazgo, marca el conocimiento de esa persona, donde las afinidades tienden a ser similares, creando esas sensaciones anteriormente mencionadas que corresponden al famoso enamoramiento.
Es importante que como jóvenes descubramos lo importante de coincidir con una persona que identifique el amor hacía el prójimo y mucho mejor que lo vea desde un sentimiento compartido, es decir no un noviazgo sólo para satisfacer necesidades, crear status o sentir pertenencia con  alguien.
El noviazgo es una etapa enfocada al conocimiento de la otra persona, donde la convivencia contínua manifestará los anhelos y deseos de la pareja con la que se comparten diversos momentos.
Es importante identificar que el enamoramiento da la entrada a lo que la persona consolidará de acuerdo a la imagen que ha obtenido durante la convivencia, formando lo que es el amor de pareja, el cual consiste en compartir y aceptar cada aspecto y característica dentro de ese núcleo de las dos personas que forman el noviazgo.
Nunca hay que olvidar que el amor principal ante todo es el amor del ser que nos dio vida y ese es Dios, el cual nos permite también sentir amor hacia personas que conviven con nosotros.
El noviazgo también es una responsabilidad, ya que implica la aceptación de lo que uno es, y de la unificación de costumbres con la otra personita. Te permite estar renovando compromisos contigo mismo y con la pareja, para fortalecer esa relación.
De acuerdo a lo anterior podemos ver que los primeros noviazgos, o aquellos a temprana edad, pueden tender a durar poco, debido a ese proceso de reconocimiento de lo que es un noviazgo como responsabilidad.
Dios es muy claro en el mensaje que nos deja en sus enseñanzas, reflejándonos una responsabilidad ante el inicio de un noviazgo, teniendo siempre como ideal y objetivo, el cumplimiento del respeto a los procesos de preparación para afrontar las situaciones al lado de la pareja.
Dios establece la responsabilidad de los individuos frente al noviazgo, tomándolo como posibilidad de convertirse en un matrimonio solido. Es así que nos da esa responsabilidad de respetar a la otra persona en todos sus aspectos, teniendo en cuenta el crecimiento espiritual y personal de esa persona. 
Es necesario tener en cuenta que el noviazgo es una interacción con esa persona la cual, tiene gustos, deseos, anhelos que pueden ser diferentes a los de nosotros. Es muy común caer en la dependencia con el otro, lo cual nos lleva a los celos y a la posesividad, creyendo que la pertenencia de esa persona solo es del novio o la novia.
En el noviazgo se conoce un mundo nuevo, donde la interacción marca nuevos panoramas no vividos, enriqueciendo un aprendizaje personal y compartido para seguir adaptándose a los contextos de la vida.
Cuando Dios está en medio del noviazgo, la probabilidad de enriquecimiento espiritual y personal es total. Es por eso que es necesario identificar la importancia del amor de Dios en el noviazgo, como centro de todas nuestras acciones.
Si tu novio tiene poca creencia a Dios, la oración puede ayudar a mover su corazón en dirección hacia él. Solo basta que reconozcas como ya se mencionó la importancia de Dios para que el noviazgo de frutos.

Bendiciones!
Israel Ponce
Catoliscopio

Tema: Noviazgo y matrimonio

Artículo de Mons. Ángel Rubio, sobre la institución base de la sociedad, el matrimonio, y su preparación
 
Noviazgo y matrimonio
Noviazgo y matrimonio
El matrimonio fue instituido por Dios nuestro Señor en el Paraíso terrenal cuando unió como esposos a Adán y Eva. El Matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Esta diversidad no debe hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes. Dios, que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano.

Cristo elevó la institución natural del matrimonio a la categoría de sacramento. La misión de engendrar hijos y educarlos, así como el amor que envuelve la unión de los esposos y todo el ámbito de la familia, han quedado apoyados en la gracia del sacramento cristiano. En consecuencia, los esposos reciben las gracias y ayudas especiales que necesitan en su vida para cumplir los deberes que les impone su vocación de engendrar y educar a los hijos que Dios les dé.

Casarse es establecer un vínculo de carácter permanente regulado jurídicamente; vivir con gozo una fecundidad generosa; contribuir a la transformación del mundo y al bien de la sociedad mediante la realización en el amor; expresar de un modo concreto la vocación cristiana a la santidad.

Los esposos están llamados a un amor total y para siempre; ser signos visibles de la alianza entre Cristo y la Iglesia; colaborar en el crecimiento de la comunidad familiar y eclesial; evangelizar y ser testigos, en su ambiente, del amor de Cristo.

La celebración se realiza cuando los contrayentes, que son los ministros de este sacramento, expresan públicamente su mutuo consentimiento, ante un representante oficial de la Iglesia y otros testigos. Si los novios están bautizados y se declaran creyentes, la Iglesia les invita a prepararse para celebrar el sacramento del Matrimonio bajo una de estas dos formas: en el marco de una celebración de la Palabra o dentro de la celebración de la Eucaristía. Cuando los novios no son creyentes o manifiestan una fe llena de contradicciones y desean y piden casarse por la Iglesia, los pastores deben examinar cada caso, sin caer en una actitud rigorista ni tampoco en una benevolencia rutinaria y los mismos novios tendrían que reconsiderar su actitud y reflexionar con sinceridad sobre su postura.

El sí de los esposos debe ser un acto libre y responsable.

+ Ángel Rubio
Obispo de Segovia

Tema: ¿Y entonces para que debe ser el noviazgo?

El amor de pareja debe sostenerse en cuatro bases fundamentales: Diálogo, comunicación, confianza y respeto
 
¿Y entonces para que debe ser el noviazgo?
¿Y entonces para que debe ser el noviazgo?
En el noviazgo todo lo que se pueda conocer y hacer con la pareja para mejorar la relación, serán acciones preventivas, conociendo así las verdaderas intenciones, sentimientos y formación de ambos.

En el noviazgo se debe decir lo que agrada y lo que no de la pareja, con la finalidad de corregir los defectos en lo posible. Si no hay voluntad de reconocer, aceptación y verdadera superación de ambas partes, en el matrimonio muchas acciones serán correctivas…no siempre con éxito.

El noviazgo es para conocer a la pareja, sus aficiones, cualidades y defectos, y no solo para idealizar lo “maravilloso” (a) que es ella o él, porque sin conocimiento uno del otro después habrá una villana y un ogro. “No idealices al ser amado, míralo como es, crudamente y sin anestesia”

Ambos deberán conocer el grado de generosidad, bondad, sencillez, gratitud, etc. O egoísmo, soberbia, envidia, así como el grado de autoestima. De todo esto depende en gran parte la felicidad de los dos. La decisión de formar una familia no depende solo del deseo, de la pasión o de la obsesión. La relación que solo se funda en estás tres circunstancias solo va rumbo al fracaso total tarde o temprano.

Teniendo conocimiento de la pareja en todo lo anterior, se podrá identificar la existencia del verdadero amor, así como la adaptación y aceptación en los defectos del otro (a). El conocimiento pleno y sincero así como el diálogo y la comunicación une más a la pareja. El desconocimiento o la falta de sinceridad hacen imposible la convivencia.

Lo importante en el matrimonio, no solo es una cara bonita o un físico atractivo o robusto, lo que en realidad importa, son los sentimientos y los valores. Eso es lo que hace verdaderamente valiosa y atractiva a una persona, ahí estará la felicidad de ambos.

Una persona egoísta, soberbia, envidiosa, conflictiva, con intensiones de conseguir ventajas para sí y con una nula autoestima, no es garantía de al menos un hogar estable.

El verdadero amor es perenne, y en el verdadero amor hallaremos: Bondad y generosidad sin importar nada a cambio, pero esto es recíproco. El verdadero amor da lo mejor de sí. Por eso el amor es un acto de voluntad y no un mero sentimiento, es una decisión responsable y madura.

El amor es enemigo de la envidia, de la presunción, del egoísmo, del enojo y del rencor.

El verdadero amor es dejar de pensar en sí mismo y de no buscar solo el beneficio personal.

Te voy a dar un consejo para que destruyas el amor: alimenta continuamente e incrementa tu envidia, presunción y orgullo, llénate de egoísmo e intolerancia. Sólo piensa en ti sin dar lo que quieres recibir y sumérgete en el enojo y el rencor hasta ahogarte.

Y por último, si quieres dejar de amar, sólo ve los defectos de los demás. Seguramente te encontrarás con el vacío y la soledad. De esta forma posiblemente tendrás la explicación del fracaso de muchos matrimonios y de decepciones personales.

En el noviazgo y en el matrimonio

El decir sí a todo en la vida de pareja, puede ser signo de debilidad y no precisamente amor. Hay que decir sí cuando es sí, y no cuando es no. Decir a todo sí puede ser también por temor de disgustar u ofender a la pareja, y esto con el tiempo dañará la relación de forma definitiva cuando llegue el fastidio o simplemente querer ser uno mismo para poder tomar decisiones propias, nadie puede vivir en constante represión.

Por el bien de ambos es necesario establecer de muto acuerdo, las reglas de convivencia. “Si la cuerda se tensa demasiado se puede romper, y si se afloja bastante puede provocar caídas”.

Desde el noviazgo es necesario…estar dispuestos a la adaptación (adaptarse no es tratar de cambiar a la persona) es acomodar ciertos hábitos, costumbres e ideas. Este proceso no fácil si no hay verdadero amor nacido de una decisión responsable y madura.

Para hablar de adaptación mutua de una pareja, es importante reflexionar que estamos hablando de dos personas con diferente formación, diferente forma de pensar, diferente forma de ver las cosas y una psicología nada comparativa.

No se debe tratar de cambiar a la pareja sino de buscar la afinidad (adecuación de caracteres, opiniones, gustos, etc.,) que existe entre los dos respetando la forma de ser de cada uno pero buscando dar lo mejor de sí y sobre todo la disposición de llevar una vida de pareja en común y mutuo acuerdo y respeto.

“Amar no es perder la individualidad que posees ni torcer tu visión del mundo, es reafirmarte junto al otro y crecer de a dos, siendo únicos y distintos” (Walter Riso)

La adaptación es difícil pero no imposible si hay disposición nacida de un verdadero amor. El amor si es verdadero nunca se acaba sino por el contrario se fortifica.

El amor de pareja debe sostenerse en cuatro bases fundamentales: Diálogo, comunicación, confianza y respeto.

Tema: Uno más uno - La pareja según el diseño de Dios



Han surgido muchas definiciones sobre el matrimonio. Entre ellas se ven algunas formuladas según la conveniencia del individuo, de tal modo que puedan favorecer la ausencia de un compromiso permanente hacia el cónyuge. Este sinnúmero de conceptos nos obliga a revisar la declaración de Dios acerca del matrimonio. El autor nos ofrece un estudio cuidadoso de la misma en los cuatro pasajes bíblicos en los que se menciona.

UN DISEÑO VIGENTE

El plan de Dios para el matrimonio está claramente expuesto en la Palabra de Dios, la Biblia. Génesis 2.18–25 introduce los conceptos de dejar la etapa de soltero (padres), unirse en pareja y ser una sola carne.

Según mi entender, hay sólo una declaración acerca del matrimonio que Dios incluye cuatro veces en la Biblia. Ella se encuentra en Génesis 2.24, Mateo 19.5, Marcos 10.7, 8 y Efesios 5.31. Esta declaración dice así: «Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne».

Como dijimos, entonces, Dios hace esta declaración cuatro veces: una en el Antiguo Testamento y tres veces en el Nuevo Testamento. Una vez antes de la caída del hombre en el pecado y tres después de dicho evento. De esto deducimos que esta declaración contiene el propósito matrimonial de Dios tanto para el hombre perfecto como para el hombre pecador. Es el plan de Dios para todos los tiempos, a fin de lograr un buen matrimonio, y un buen plan es tan necesario para un buen matrimonio como lo es para una construcción.

Hoy en día encontramos muchos matrimonios tristes e insatisfechos, y no sólo entre los no creyentes sino también entre los mismos cristianos. Esta tristeza es causada, en gran parte, por la falta de atención al plan de Dios para el matrimonio. ¿Cuál es, entonces, ese plan? ¿Qué involucra el matrimonio según Dios?

UNA NUEVA ETAPA

DEJAR

En primer lugar, el diseño de Dios para la pareja señala que el esposo y la esposa deben dejar a sus padres y a sus madres. ¿Qué significa dejar a sus padres?

Pues bien, ciertamente no significa que deben abandonarlos y dejarlos por completo (comparar Ex 21.12; Mr 7.9-13; 1 Ti 5.8). Tampoco significa que deben separarse necesariamente a una gran distancia geográfica. Vivir demasiado cerca de los padres —especialmente al comienzo del matrimonio— puede hacer difícil el dejar para vivir una nueva etapa. Es posible dejar al padre y a la madre y vivir en la casa contigua; si bien están cerca, la manera en que se relacionen hace que puedan ser independientes. Y a la inversa, es posible también vivir a miles de kilómetros de distancia de los padres y no dejarlos. De hecho, es posible que muchos no hayan dejado a sus padres aunque estos ya hayan fallecido.

Dejar a sus padres significa que su relación con ellos debe cambiar radicalmente, para establecer una relación adulta de ahora en adelante. Significa que deben ocuparse y atender más a las ideas, opiniones y prácticas de su cónyuge que a las de sus padres. No estar esclavizados a ellos en cuanto a afecto, aprobación, ayuda y consejo.

Dejar a los padres significa también que deben eliminar cualquier actitud mala hacia ellos, o de lo contrario estarán ligados emocionalmente aunque físicamente estén lejos.

Muchas personas ingresan al matrimonio sin dejar de depender emocionalmente de sus padres, a tal punto que continúan procurando que su cónyuge cambie sólo porque a sus padres no les gusta como es. La etapa del matrimonio y el dejar a los padres significa que los dos, de común acuerdo, deciden que la relación marido y mujer tiene prioridad sobre toda otra relación humana.

UNA NUEVA ETAPA

UNIRSE

El plan de Dios para el matrimonio es que el marido y la mujer deben unirse el uno al otro. En nuestra época las parejas jóvenes parecen casarse con la idea de que si su matrimonio fracasa pueden obtener el divorcio. Cuando se casan prometen ser fieles hasta la muerte, pero mentalmente —consciente o inconscientemente— añaden: «a menos que nuestros problemas sean demasiado grandes».

En verdad, algunos sugieren que debiéramos renovar nuestra libreta de casamiento cada año, así como renovamos la licencia de conductor. Otros sugieren que nos olvidemos de todo el trastorno del matrimonio civil y las tensiones de la ceremonia de casamiento. Para ellos el matrimonio es algo de su conveniencia, de suerte, y puede ser muy pasajero. Todo depende de cómo caen las cartas.

Sin embargo, Dios dice: «Yo no lo planeé así. Yo quise que el matrimonio fuese una relación permanente. Yo quiero que el marido y la mujer se adhieran el uno al otro» (Mr 10.7–9)

El matrimonio, entonces, no es cuestión de suerte, sino de elección deliberada. No es sólo un asunto de conveniencia sino de obediencia; y no depende de cómo caen las cartas sino de cuánto estamos dispuestos y decididos a trabajar para su éxito.

Un buen matrimonio está basado más sobre compromiso que sobre sentimientos o atracción corporal. De acuerdo con Malaquías 2.14 y Proverbios 2.17, el matrimonio es un pacto, un contrato irrevocable por el cual estamos ligados a otra persona. Por tanto, cuando dos personas se casan prometen que serán fieles el uno al otro, pase lo que pase. La esposa promete que será fiel aunque el esposo engorde, se ponga calvo, o tenga que usar lentes bifocales; aunque pierda la salud, su riqueza, su empleo, su atractivo; aunque aparezca alguien más excitante.

Por su parte, el esposo promete ser fiel aunque la esposa pierda su belleza y atractivo; aunque no sea tan pulcra y ordenada o sumisa como él quisiera; aunque no satisfaga sus deseos sexuales completamente. Él la amará y honrará aunque gaste el dinero neciamente o sea una mala cocinera.

El matrimonio significa que el marido y la mujer entran en una relación por la que aceptan total responsabilidad y se comprometen el uno al otro sin tomar en cuenta los problemas que puedan surgir.

En muchos sentidos el casarse se parece a la conversión. Cuando una persona se convierte a Cristo deja su antigua manera de vivir, su justicia propia, sus propios esfuerzos para salvarse, y se entrega a Cristo, quien murió en lugar de los pecadores. En este acto de entrega a Cristo, la persona se compromete con Cristo. La misma esencia de la fe salvadora es una entrega personal a Cristo por la cual la persona promete confiar total y completamente en el Señor y a servirle fiel y diligentemente, sin tomar en cuenta cómo se sienta o qué problemas puedan surgir (comparar Ro. 10.9; Hch. 16.31; Fil. 3.7, 8; 1 Ts. 1.9, 10).

De la misma manera, el matrimonio según Dios involucra una entrega total e irrevocable de dos personas, la una a la otra. El matrimonio según Dios incluye el adherirse el uno al otro en enfermedad y en salud, en pobreza y en riqueza, en alegrías y tristezas, en gozo y dolor, en tiempos buenos y tiempos malos, en acuerdos y desacuerdos.

El matrimonio según Dios significa que saben que deberán enfrentar problemas, cambiar opiniones acerca de ellos, buscar la ayuda de Dios, y resolver esos conflictos en lugar de escapar de ellos. No hay salida del vínculo; están comprometidos el uno al otro de por vida. Deben adherirse el uno al otro hoy y mañana, mientras los dos vivan.

UNA NUEVA ETAPA

UNA SOLA CARNE

Terminando con las grandes definiciones de Génesis 1.18-25, vemos que el plan de Dios para el matrimonio involucra el ser una carne.

En el nivel más elemental, esto se refiere a relaciones sexuales, la unión física. Busque una Biblia y lea con atención 1 Corintios 6.16.

Dentro de los límites del matrimonio, las relaciones sexuales son santas, buenas y hermosas, pero fuera del contexto de «dejar» y «unirse», son negativas, degradantes y pecaminosas (compare con He. 13.4).

Sin embargo, el ser «una sola carne» involucra más que el acto sexual en el matrimonio. En verdad, ese acto matrimonial es el símbolo o la culminación de una unión más completa, de una entrega total a la otra persona. En consecuencia, si la unión más completa no es una realidad, las relaciones sexuales pierden su sentido.

Una definición del matrimonio que me gusta mucho es: El matrimonio es una entrega total y un compartir totalmente de la persona total con otra persona, hasta la muerte. El propósito de Dios es que cuando dos personas se casan deben compartir todo: sus cuerpos, sus posesiones, sus percepciones, sus ideas, sus habilidades, sus problemas, sus éxitos, sus sufrimientos, sus fracasos, etcétera.

El esposo y la esposa son un equipo y lo que cada uno hace debe ser por amor a la otra persona —o al menos no debe ser en detrimento del otro—. Cada uno debe preocuparse tanto por las necesidades de la otra persona como por las propias (Ef. 5.28; Pr. 31.12, 27).

Los esposos ya no son dos sino una carne, y este concepto de una carne debe manifestarse en maneras prácticas, tangibles y demostrables. Dios no desea que sea solo un concepto abstracto o una teoría idealista sino una realidad concreta. La intimidad total y la profunda unidad son parte del plan de Dios para un buen matrimonio.

La intimidad total y la unidad profunda, sin embargo, no significan una total uniformidad e igualdad. Mi cuerpo se compone de muchas partes diferentes. Mis manos no hacen la tarea de mis pies y mi corazón no hace el trabajo de mi hígado. Hay gran diversidad de miembros en mi cuerpo y sin embargo mantienen la unidad. Las partes de mi cuerpo se ven distintas y actúan de una manera diferente, pero cuando funcionan normalmente cada parte trabaja para el beneficio de las demás, o, a lo menos, una parte no trata deliberadamente de herir a las otras.

Del mismo modo, el marido y la mujer pueden ser muy diferentes en algunos aspectos, pero no deben permitir que esas diferencias obstaculicen su unidad porque el propósito de Dios para el matrimonio es la unidad total.

Sin embargo, tú y yo sabemos que la total unidad no se logra fácilmente, ya que el obstáculo básico para el logro de la unidad, es nuestra pecaminosidad. En Génesis 2.25, inmediatamente después de que Dios dijera que el marido y la mujer serían una sola carne, la Escritura dice: "Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban".

La desnudez de Adán y de Eva no es una recomendación al nudismo público. Esto ocurrió antes que hubieran otras personas a su alrededor. ¡Adán fue el único ser humano que vio a Eva desnuda y Eva fue la única mujer que vio a Adán desnudo! Es más, esto sucedió antes de que pecaran. Después que pecaron leemos que "fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales". En cuanto entró en escena el pecado comenzaron a cubrirse.

Ese intento de cubrirse ciertamente era evidencia de que estaban conscientes de su pecado ante Dios. Inmediatamente —y neciamente— procuraron esconder su pecado de Dios. Y más aun, al cubrirse simbolizaban su esfuerzo por esconderse el uno del otro. Cuando entró el pecado, la transparencia y la unidad total que disfrutaban fueron destruidas.

Del mismo modo, como el pecado entró y estorbó la unidad de Adán y Eva, así nuestro pecado sigue siendo la gran barrera que entorpece la unidad matrimonial en el día de hoy. A veces la unidad matrimonial es destruida por el pecado del egoísmo, otras por el pecado del orgullo. En ocasiones esa unidad es quebrada por el pecado de amargura, o la ingratitud, la terquedad, el vocabulario hiriente, el abandono, la impaciencia, la aspereza o la crueldad. Fue el pecado lo que destruyó la unidad total de Adán y Eva, y es el pecado el que destruye la unidad de los esposos hoy día.

LA PRESENCIA NECESARIA: JESUCRISTO

Lo que acabamos de ver al final del punto anterior nos lleva a reconocer nuestra necesidad de Jesucristo, tanto en nuestras vidas como en medio de nuestro matrimonio.

En primer lugar, necesitamos restablecer, por intermedio de Jesucristo, una buena relación con Dios (comparar Ro 3.10–23; Is 59.2; Col 1.21–23; Ef. 1.7; 2.13–21; 2 Co 5.21; 1 P 3.18).

Pero no sólo necesitamos entrar en una buena relación con Dios por medio de Jesucristo; también es necesario que Jesucristo nos ayude a estar bien relacionados el uno con el otro. Él vino al mundo para destruir las barreras que existen entre los hombres, además de las que hay entre el hombre y Dios. Jesús quiebra las barreras que existen entre los hombres; anula la enemistad y hace que los hombres sean uno en Él (Ef. 2.14-16; Gá. 3.28). Sólo Él puede tomar a un hombre y una mujer, pecadores y egoístas, y lograr que dejen a su padre y a su madre, se unan y lleguen a ser una carne.

Por tanto, si han de experimentar la total unidad que Dios dice es esencial para un matrimonio bueno, deben acudir a Jesucristo. Él quita las barreras, destruye las paredes que dividen, limpia de pecado, quiebra el poder del pecado reinante. Él libera al cautivo, le da el Espíritu Santo al hombre, el cual produce en él el fruto de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Jesucristo envía el Espíritu Santo, quien hace posible que hombres y mujeres pecadores dejen a su padre y a su madre, se unan el uno al otro y lleguen a ser una carne.

Adaptado del primer capítulo de Fortaleciendo el matrimonio, por Wayne Mack.

Tema: El embrión, ¿ser humano en potencia?




El embrión, ¿ser humano en potencia?

El embrión, ¿es un ser humano en potencia? La fórmula es falsa, porque el embrión humano ya es en acto un individuo de la especie humana Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net

Se discute mucho sobre qué sea y qué no sea un embrión humano. En medio del debate, algunos afirman que el embrión es un ser humano en potencia, pero no en acto. ¿Es correcto este modo de pensar?

A la hora de afrontar el tema, ayuda mucho considerar la vida como un proceso continuo, que tiene un momento de inicio y termina con la muerte.

En ese proceso, usamos las expresiones “en potencia” y “en acto”, que tienen su origen en Aristóteles y que han adquirido un uso más o menos común, no siempre filosófico, entre la gente.

Así, podemos decir que un niño es un joven en potencia. No lo es en acto, porque todavía no ha llegado a la juventud, pero puede llegar a serlo: si crece con normalidad, si la muerte no trunca su desarrollo, un día el niño se convertirá en un joven.

Lo mismo podemos decir del joven: es un adulto en potencia. O del adulto: es un anciano en potencia.

Volvemos la mirada al embrión. ¿Es correcto decir que es “un ser humano en potencia”? Afirmar esto, si tenemos en cuenta los paralelismos anteriores, sería algo así como decir que el embrión todavía no es un ser humano, pero puede llegar a serlo si su desarrollo no es interrumpido por la muerte, como el niño todavía no es un joven pero puede llegar a serlo si su existencia procede con normalidad.

Sin embargo, algo no cuadra cuando se usa la fórmula “el embrión es un ser humano en potencia” como se usan las otras expresiones. Vamos a verlo con más detalle.

Decir que el niño no es joven en acto, sino que es joven en potencia, no implica decir que el niño no sea un ser humano. Es un ser humano en una etapa de desarrollo, la infancia, que normalmente conduce a la siguiente etapa de desarrollo, la juventud. En otras palabras, el niño está en potencia para ser un adulto, pero ya es un ser humano en acto.

El embrión, entonces, ¿es un ser humano en potencia? La fórmula es falsa, porque el embrión humano ya es en acto un individuo de la especie humana, aunque no sea un niño en acto.

Entonces, lo correcto sería decir que el embrión es un niño en potencia, precisamente porque no es un niño en acto (y también es adulto en potencia, etc.). A la vez, ya es un ser humano en acto, aunque todavía no sea en acto ni un niño ni un adulto (lo es en potencia). Precisamente porque es un ser humano en acto puede recorrer, como los demás seres humanos, el proceso de la existencia a través de diferentes etapas de desarrollo, una de las cuales es la etapa embrionaria.

Por eso, resulta equivocado afirmar que el embrión sea un ser humano en potencia. Desde su concepción, el embrión ya un ser humano concreto, único, irrepetible. Tan real como lo fuimos cada uno de nosotros en las primeras fases de nuestro desarrollo. Tal real, que tiene la potencia (la posibilidad) de llegar a ser un feto, un niño, un joven, un adulto y un anciano, si consigue recorrer el camino de la vida sin interrupciones bruscas, sin que la muerte (accidental o provocada) anule sus potencialidades.

Reconocer, por lo tanto, al embrión humano como lo que es, un ser humano en acto y en desarrollo, resulta no sólo un gesto de honestidad, sino que nos abre a la justicia.

Sólo si le vemos en su identidad, en su condición auténticamente humana, seremos capaces de defender su derecho a la integridad y a la vida, contra quienes defienden su muerte a través del aborto. Además, seremos capaces de ofrecerle aquello que cada ser humano merece y necesita: amor, protección, apoyo y asistencia. Algo que no sólo necesitan los embriones sino también los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos, en un mundo que esperamos más solidario y más comprometido en la defensa de los derechos de todos, especialmente de los más débiles y desprotegidos.

Tema de Familia: Los hijos, ¿propiedad o misión?



Por Fernando Pascual - fpa@arcol.org
Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... “tenemos cuatro hijos”.
Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela...
Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.
Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro... La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.
Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas...
Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...
Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...
La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...
San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...
Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.
Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial...

HABLEMOS DEL AMOR Quinta Parte



VII. EXIGENCIAS DEL AMOR 

28. La castidad, señal de verdadero amor 

La virtud de la templanza es aquella disposición de la voluntad que inclina a usar
ordenadamente el bien deleitable, el placer sensible. La virtud de la castidad es una parte de la
templanza, e inclina a usar ordenadamente el placer sexual. La castidad, la pureza, reside en el
fondo del alma y permite mirar las cosas y las personas limpiamente. Por el contrario, cuando
no se vive, los ojos del alma están como manchados, y se ven maliciosamente las cosas y las
personas. 

Como el Amor supone querer el bien del otro, ya se ve que la pureza es una condición
imprescindible para el amor, para ver en el otro una persona, para mirarle a los ojos y no al
cuerpo, como posible objeto de placer. En la relación amorosa esta es una exigencia, y a la
vez es una manifestación del amor. En la medida en que alguien no vive esta virtud es señal
de que se ama a sí mismo. 

“Los novios -señala el Catecismo- están llamados a vivir la castidad en la continencia. En
esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y
de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del
matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse
mutuamente a crecer en la castidad”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n.2350). 

29. El Amor no admite “ser probado” 

Frases del tipo: “Tengo que probar tu amor; si me amas no tienes más remedio que hacer
algo que te perjudica; te demuestro mi amor saltándome las reglas del respeto” son la prueba
clara de que ahí no hay Amor auténtico ni se está enamorado. Porque el Amor tiende a dar, no
a recibir; tiende a enriquecer al otro, no a sacar partido de él. Poner condiciones en este     12
sentido, pedir “prestaciones” de utilidad-placer, es no tener en cuenta que el otro es persona, y
se le trata como una cosa. Se prueban las motos, los bolígrafos..., pero a las personas no se las
prueba. 

Siempre que se solicita del otro entrar en la impureza, uno se pregunta: ¿Por qué me lo
pide? ¿Por ser yo quien soy o por lo que le doy? Al no dar al otro lo que causa un mal propio
y ajeno -perder la pureza es un mal para ambos- se aclara la duda: si el otro rectifica, quizá
haya sido un error del que se arrepienta; si no, es que sólo busca eso. La negativa al mal deseo
hace comprobar si hay amor a la persona, junto con un momento de debilidad. Si es así,
surgirá la petición de perdón y la rectificación. Si sólo se busca el placer, vendrá la insistencia
reiterada o el abandono para buscar el placer en otra fuente. En todo caso se despeja la duda
sobre las intenciones de quien hizo la mala  propuesta. La garantía del buen-amor es la
presencia constante del respeto mutuo. Si se pierde el respeto ya se ha perdido el amor. 

30. El "cortocircuito" del enamoramiento 

Cuanto más temprano y más intensamente gana importancia y predominio el aspecto
sexual en el proceso de conocerse y enamorarse, tanto más difícil es que esa relación llegue a
ser un auténtico Amor que abarque verdaderamente la personalidad entera del otro con todas
sus facetas espirituales y caracteriológicas. Pues una relación sexual fácilmente actúa como
cortocircuito que impide la maduración personal y del Amor. El enamoramiento, en el que
predomina el atractivo y la afectividad sobre el aprecio de los valores más profundos de la
persona, unido a la dependencia que crea el placer sexual, puede ser declarado como Amor,
pero no lo es. 

Imaginemos una melodía interpretada por toda una orquesta. Cada instrumento suena en su
momento, y algunos apenas se notan. Si se aísla un instrumento y se pone a todo volumen, lo
que hará es distorsionar la maravilla de la melodía. Ya no es lo que se trataba de escuchar. Es
más, ese cortocircuito puede ser algo así como un chillido que hace inaudible la música. 
No olvidemos que el aspecto  sexual -sobre todo si se reduce a aspectos principal o
exclusivamente genitales desvinculados de la  paternidad- puede desenfocar totalmente a la
persona (puede constituir una obsesión o un vicio), y desenfocar la relación amorosa,
convirtiéndose en el elemento aislado que polarice toda la relación en torno a un solo valor (el
sexual-genital) no integrado en el conjunto de valores (físicos, afectivos, espirituales,
generativos, etc.) que, integrados armónicamente, dan unidad a la persona. Ese valor
“desintegrado” la desune, la rompe. 

La tendencia sexual es un valor positivo y muy delicado que debe permanecer latente antes
del matrimonio. No en vano las fuentes de la vida son, en cierto modo, algo sagrado. La
intimidad del otro debe de ser como un misterio que se desvele en el matrimonio. Si se
desvela antes, el enamoramiento pierde su encanto, los novios se miran de otra manera; los
enamorados han sufrido una negativa transformación personal en su camino hacia el
matrimonio. Y con mayor razón quedarán negativamente afectados si no llegan nunca a
contraer matrimonio.
 
31. El “riesgo” prolongado 

Hay un problema cuando un chico y una chica se relacionan de modo estable desde los
diecisiete años o antes, y es que, o tienen las ideas muy claras, una voluntad fuerte para
guardar las distancias y no se ponen en situación de “riesgo”, o tendrán muchas ocasiones     13
para poder actuar mal. Y puede que lleguen a justificarse engañosamente considerando esa
mala conducta como una muestra de amor y confianza, como un “anticipo”. 

Es una de las dificultades de los noviazgos precoces, incluso planteados con la idea de
casarse... dentro de diez años. La frecuente relación puede llegar a hacer que se trivialicen
aspectos íntimos, originándose una escalada en la demanda afectivo-sexual. Transcurrido un
tiempo prudencial para conocer las mutuas cualidades -fin fundamental del noviazgo- puede
establecerse entre los novios una relación rutinaria en la que se presentan momentos de
pasión, malos ejemplos, debilidad o familiaridad creciente que puede concluir
insensiblemente en una relación inicialmente no prevista ni deseada. Cuanto más se prolonga
el riesgo más probable se hace el peligro de “accidente”. 
¿Después? Quizá el chico no vuelva a aparecer. Quizá a ella le parezca mal y vengan las
lágrimas. Quizá a ella no le parezca mal, y caigan en el vicio. 

32. Saber decir No al capricho para decir Sí al Amor. 

Como en el noviazgo no faltarán ocasiones de saltarse las normas morales y de faltar al
respeto a la otra persona, es preciso evitar aquellas ocasiones o lugares en los que se puede
desorientar la sensualidad. Saber decir que NO cuando la otra persona o el ambiente lleve a
hacer algo de lo que uno se puede arrepentir más tarde. 

Esto puede ayudar a corregir defectos en la otra persona. Una buena chica puede hacer
mucho bien a un chico, y al revés. Con esto, aunque cueste en un momento determinado decir
que No, se está diciendo que Sí al verdadero Amor, ya se case en el futuro con esa persona, ya
sea con otra. 

El sacrificio es como un fuego purificador que pone al descubierto el verdadero amor.
Respetar el tipo de relación y respetar a la otra persona, teniendo que moderarse, renunciando
muchas veces al propio capricho, es una exigencia del amor. Quien no se sabe sacrificar por la
otra persona, ni entiende de cariño, ni -si se casa- podrá ser feliz en el matrimonio. 

33. Como si estuviéramos casados 

Hay una diferencia esencial entre “estar prácticamente casados” y el Sí vinculante y
definitivo, dicho en conciencia ante Dios y ante todo el mundo. Todo lo que se haga antes del
matrimonio no compromete definitivamente, y uno puede abandonar. La boda, en cambio,
conlleva una decisión que compromete del todo si se entiende bien. 

En el matrimonio ya no son dos, sino una vida en dos personas, un “nosotros”. Algo que
Dios ha unido y que nadie puede romper, como la paternidad y la filiación. Es verdad que
después de la boda se puede vivir como no estando casado, pero en realidad se sigue atado
hasta que la muerte les separe. Esto es algo que se sabe perfectamente y no se puede borrar de
la conciencia. 

Por eso el lugar propio de la unión sexual entre las personas es el matrimonio, después de
la alianza por la que se entrega el espíritu y el cuerpo: todo. Por  eso ahí puede ser una
manifestación de Amor (que es corpórea y también de orden espiritual, y que expresa la
donación incondicionada -y sin retorno- de la  propia persona), y fuera de él nunca es una
manifestación adecuada de entrega. 

No cabe decir que se está prácticamente casado, de igual modo que un opositor de
judicaturas no puede juzgar y sentenciar, aunque al día siguiente sea Juez. La intención de ser     14
marido y mujer no basta para serlo. Conviene no engañar ni dejarse engañar en esto porque,
repito, antes de la boda ese compromiso no es firme y puede quedarse en un buen deseo que
podría retractarse. En cualquier otro asunto (económico, profesional, social, etc.) menos
relevante que la propia suerte personal no se omiten esas garantías. Cuando no se hace así se
contribuye al caos social y personal. 

34. El premio del Amor 

El Amor bien llevado, también con la carga de sacrificio que comporta para olvidarse de
uno mismo, da como resultado la felicidad humana (aunque sea relativa). El Amor es algo
permanente, que da seguridad de por vida porque se sabe confiado en el otro. Cuando ambas
personas se entregan totalmente, el Amor satisface plenamente y es enriquecedor. 
El desamor, en cambio, se demuestra siempre falso porque causa todo lo contrario: la
insatisfacción. Y no digamos nada de la sensualidad: siempre decepciona, causa frustración. 
Porque nosotros estamos hechos para algo permanente, no para algo transitorio y egoísta
que se acaba prácticamente donde ha comenzado. El placer, el goce del cuerpo, nunca
satisface; la alegría, por el contrario, que es el goce del alma, colma de felicidad. Porque la
alegría es la consecuencia del amor. Todos tenemos en el fondo de nuestro ser una sed de
permanencia, de algo espiritual. Y el Amor de esposos es espiritual, también en sus expresiones corporales. Y permanece para siempre dejando, además, constancia, si es fecundo, con el premio del hijo deseado, que es la encarnación, prolongación del Amor de los esposos. 

35. Saber esperar

La esperanza es la virtud propia de los labradores: esperan ver el fruto de sus sudores. Y
también es la virtud propia de los enamorados, pues esperan ver realizados sus sueños: poseer
el Amor en plenitud y con frutos que perpetúen su amor. 
Pero, como el labriego, hay que saber esperar. Esto a veces cuesta. ¿Quién no ha sentido
alguna vez la tentación de coger del árbol una fruta todavía verde? Si se recoge la fruta
cuando aún no está madura, es muy probable que no llegue a madurar y se eche a perder.
También puede suceder, es verdad, que se logre madurar, pero uno se tiene que pagar la
impaciencia, pues la fruta sabe de otro modo recogida en su punto. 
Durante la juventud se relacionan chicos  y chicas que llegan a enamorarse con un
enamoramiento fugaz que luego se acaba. ¡Cuántas personas viven la experiencia de un
matrimonio estable y fecundo que dura muchos lustros... y sin embargo no se casaron con su
primer amor, aquel de los dieciséis años! La vida es así. Importa en todo caso durante la
juventud no hacer cosas de las cuales uno se arrepentirá después. 
Vale la pena seguir las normas del buen-amor -(eso son las normas morales) y saber
esperar a entregarse del todo en su momento, a la persona que puede hacernos muy felices.

Tema: ¿”Sextiando” yo? - LOS PELIGROS EN LA RED Y EN SITIOS SOCIALES







Jessi de 18, Amanda de 15 años y Gauthier de 18, no se conocieron, ni vivieron en la misma ciudad, ni estudiaron en el mismo colegio, pero los tres tienen cosas en común. Jessie, Amanda y Gauthier vieron cómo su intimidad se convertía en objeto público, al punto de sentirse incapaces de seguir viviendo y decidir quitarse la vida. Sus propias imágenes quedaron tatuadas en la red y los persiguen incluso después de muertos.
Para Jessie todo empezó cuando su exnovio reenvió a sus compañeros una foto sexy que ella le había dado.
Amanda empezó a “divertirse” con amigos a través de un chat desde los 12 años entre ellos un desconocido que se fue ganando su confianza y cayó en la trampa de mostrar su cuerpo desnudo. Un tiempo después empezó a recibir sextorsión y por la policía supo que sus fotos estaban circulando en la red e incluso que había un perfil en Facebook con la foto de su pecho desnudo.
Gauthier, recibió chantajes de una chica con la que había tenido una amistad por chat y luego por Facebook. Ella lo amenazó con divulgar un video íntimo si no le daba dinero.
Jessie, Amanda, y Gauthier, como cualquier adolescente, tenían una fuerte necesidad de ser aceptados y queridos, de llamar la atención y posiblemente por conseguirlo empezaron a jugar con su intimidad pensando que sería la “solución” a sus necesidades.
Los tres recibieron las presiones ejercidas por la cultura de lo “sexy” que valora al ser humano en función del deseo que despierta en otros. Veían el continuo exhibicionismo de artistas y personajes públicos que los medios divulgan y elevan a la categoría de ídolos a imitar. Los tres eran nativos digitales, disfrutaron la tecnología que reúne cámara, teclado, música y computador, en un solo dispositivo pero que requiere madurez y responsabilidad para ser bien utilizada.
Como cualquier adolescente pensaron más en el presente que en el futuro. Nunca sospecharon cuáles serían las consecuencias de compartir un contenido íntimo, porque en la Red hay cierto ambiente de anonimato –aparente– y por eso se tomaron una foto, un video o dijeron cosas que no dirían a todo el mundo. Confiaron en personas que decían ser sus amigos y luego se les devolvió en forma de traición, amenaza o chantaje como un boomerang.
¿Será suficiente conocer estas tres historias para que se detenga el fenómeno peligroso y enfermizo del “sexting” y sus derivados que ahora nos amenaza? Por terminar en suicido estos tres casos han dado la vuelta al mundo, pero a nivel local surgen cada día historias parecidas relacionadas con esta práctica que afectan a una persona y a la comunidad que la rodea. Nadie queda indiferente.
Se dice que para aprender hay que escarmentar en carne propia. No queremos que los jóvenes tengan que sufrir algo así para darse cuenta de la gravedad del problema.
Proponemos a los chicos unos tips para protegerse de este virus virtual del que más vale no contagiarse.
1. Piensa en la viralidad de las redes sociales. Un video íntimo, una pose provocativa, unos mensajitos privados pueden volverse públicos tan solo porque tú mismo o un “amigo” decide hacer click y enviarlos a alguien más o simplemente subirlos a facebook, youtube o twitearlos. Recuerda que esa travesura aparente puede perseguirte de por vida.
2. No caigas en la red. Antes de publicar analiza bien. En la red todo es público, nada es privado. Un reciente informe de la Internet Watch Foundation (iwf.org) encontró que cerca de 13.000 fotos al mes de personas como tú obtenidas desde unas 68 redes sociales surten sitios pornográficos. De acuerdo con este dato cabe pensar que las fotos en traje de baño de tu último viaje a la playa podrían ser capturadas por personas inescrupulosas.
3. Recuerda que la intimidad se refiere a cubrir tu cuerpo y a proteger tu mundo interior de extraños o curiosos. No compartas tus datos personales, vivencias, deseos, sueños o metas con personas desconocidas. Es lo más importante que posees. Además puedes ser víctima de pederastia, grooming o sextorsión.
4. Desarrolla el pudor, es una virtud necesaria para descubrir a quién o quienes se les comparte nuestra intimidad y en qué momento es adecuado hacerlo. El cuerpo no se exhibe como una mercancía para que otro lo mire, a ver si le interesa consumirlo. El cuerpo se entrega solamente cuando existe el compromiso del matrimonio. Demuestra cuánto vales por tus cualidades, tus intereses, tus valores y no caigas en el juego de lo sexy.
5. Evita tomar una foto, grabar un video o escribir algo de lo que después te puedas arrepentir. Si tú no lo generas, nadie podrá perjudicarte. Y si acaso eres el destinatario ¿qué sentido tiene reenviarlo? Piensa que detrás hay un ser humano que ha cometido un error, ¡no lo empeores! Detén el sexting.
6. El sexo no es amor. Hay una gran diferencia. Amas de verdad cuando ves en el otro las 5D: su cuerpo, sus emociones, su familia, sus proyectos y sus valores.
7. Persuadir es diferente a seducir. Seducir es convencer con el cuerpo. Persuadir es convencer con lo que eres. Por eso si sientes que se ha acabado el amor ten por seguro que el “sexting” no es la manera de recuperarlo. Al contrario puedes salir muy herido (a).
8. Genera un sistema personal de autocontrol para decidir qué si debes compartir y qué no, o qué debes dejar entrar a tu mente y a tu corazón. Ese filtro no depende de un software externo sino de que tanto fortalezcas tu carácter. En Protege tu Corazón lo llamamos el “Filtro Interior”.
9. Activa tu filtro Interior. Es la mejor protección. La intimidad puede abrirse o clausurarse según nuestra voluntad. El “filtro interior” nos dice que hay momentos adecuados, personas en quienes si se puede confiar, y por eso cuando se descubre que se “abrió” a la persona o personas equivocadas deja un profundo dolor y puede llevar a la desesperación.
10. Viraliza este artículo sobre sexting para que muchos tomen conciencia y no caigan en la Red. En tus manos y las de tus amigos puede estar parte de la solución. ¡Las redes sociales son buenas, usémoslas a nuestro favor! Dale like y déjanos saber tu opinión.
Cortesía de Protege tu Corazón para La Familia.info http://www.protegetucorazon.com/

Tema: Sexualidad y Bioética







Estudio revela que el aborto es cuatro veces más peligroso que el parto
Los estudios de la Gran Bretaña y el de Finlandia asocian el nacimiento con un riesgo significativamente menor para la mujer, que cuando opta por practicarse un aborto. 
Autor: Instituto para la rehabilitación de la mujer y la familiar | Fuente: irma.org

Organizaciones de la Sociedad Civil dan a conocer estudio que menciona que el riesgo de muerte por suicidio es 7 veces superior entre las que recurrieron al aborto que las que llevaron a término su embarazo.

Las mujeres que se practicaron un aborto tienen cuatro veces más riesgo de morir un año después de este suceso, que las que llevaron a término su embarazo, revela un estudio de la asociación entre embarazo y muerte realizado en Finlandia y que fue dado a conocer por grupos de la sociedad civil.

El estudio basado en registros de la Unidad de Estadística Nacional de Finlandia y el Centro de Desarrollo de Bienestar y la Salud (UENFCD) evalúa la exactitud de la muerte materna basada en el certificado de defunción de nueve mil 192 mujeres en edad reproductiva (15 a 49 años) que murieron entre 1987 y 1994.

Con motivo del quinto aniversario de las reformas a favor de la vida en 18 estados de la República, organizaciones como el Instituto para la Rehabilitación de la Mujer (IRMA), la Red Pro Yucatán, Sentido Común de Puebla, el Instituto de Formación en Valores de Durango y el Centro de Estudios y Formación Integral para la Mujer de Cancún, subrayaron que de acuerdo a esta investigación, el riesgo de muerte por suicidio dentro de un año después de un aborto, es siete veces superior al riesgo de suicidio después del parto.

El estudio de la UENFCD señala que entre las 281 mujeres que murieron en un año desde su último embarazo, el 77 % se suicidaron.

De acuerdo con los investigadores se encontró que "un embarazo sin perturbaciones reduce el riesgo de suicidios, mientras que el aborto está claramente ligado a un dramático aumento del riesgo del suicidio", subrayó Teresa Zavala del Instituto para la Rehabilitación de la Mujer (IRMA).

Asimismo, se evalúo el riesgo de muerte por accidentes. Entre las mujeres que abortaron en el año anterior a su muerte, el riesgo de muerte por accidentes fue cuatro veces mayor que las que llevaron a término su embarazo. 

Es decir el dar a luz "tuvo un efecto protector", pues el hallazgo sugiere que las mujeres con niños recién nacidos son probablemente más cuidadosas al evitar riesgos que podrían ponerlas en peligro a ellas o a sus hijos.

De las 281 mujeres que murieron después de un año de su último embarazo, agrega el estudio, 57 de ellas, es decir, el 20 por ciento, murieron a causa de lesiones debidas a accidentes.

Al respecto, menciona que una encuesta del Instituto Elliot destaca que de 256 mujeres que abortaron casi el 60 por ciento declararon que empezaron a perder los estribos con más facilidad después de sus abortos y 48 por ciento dijo que también eran más violentas cuando estaban enojadas.

El estudio de la UNFCD encontró que 14 de las 281 mujeres que fueron asesinadas por otra persona ocurrieron entre las mujeres que se habían practicado un aborto.

Los grupos de la sociedad mencionaron que de acuerdo al estudio, al comparar el aborto y el nacimiento, el riesgo de muerte por causas naturales es 60 por ciento más alto para las mujeres que tuvieron aborto inducido en el año anterior, en comparación con aquellos que llevaron a término el embarazo había una pérdida de un embarazo natural.

La publicación menciona que datos obtenidos a través de entrevistas y estudios muestran altos niveles de deseo de suicido, que van del 30 al 55 por ciento en mujeres que tuvieron un aborto, mientras los intentos de suicidio van del 7 al 30 por ciento.

Asimismo, la UENFCD señala que autoridades de salud de la Gran Bretaña analizaron sus datos de intentos de suicidio, antes y después de eventos de embarazo y encontró que después del embarazo hubo 8.1 intentos de suicidio por cada 100 mujeres que tuvieron un aborto, comparado con solo 1.9 intentos de suicidio de quienes dieron a luz.

La tasa de intentos de suicidio es más evidente entre mujeres menores de 30 años que tuvieron un aborto.

En suma, agregó Teresa Zavala del Instituto para la Rehabilitación de la Mujer los estudios de la Gran Bretaña y el de Finlandia asocian el nacimiento con un riesgo significativamente menor para la mujer, que cuando opta por practicarse un aborto.

En México la asociación IRMA (Instituto para la Rehabilitación de la Mujer y la Familia, A.C.), surge con la inquietud de ayudar a las mujeres que abortaron, para sobrellevar los síntomas posaborto(5255) 5260-3178 y (5255) 5260-8859. Fax: 52-60-72-73

HABLEMOS DEL AMOR CUARTA PARTE



V. AMOR Y SEXUALIDAD 

19. Manifestaciones de cariño 

Los que se aman sienten la necesidad de manifestar externamente su amor. Y buscan
manifestarlo de mil formas: con la mirada, con la sonrisa, con la palabra,... Las
manifestaciones de cariño dependen del tipo de relación que exista entre esas personas. Son
diferentes las manifestaciones de cariño entre padres e hijos, entre los esposos, entre amigos,
entre amigas, entre amigo y amiga. 

Una de las manifestaciones del amor es el contacto físico: darse la mano o un beso. Dentro
del matrimonio, una manifestación adecuada e importante es la unión sexual. Pero es eso: una
manifestación del amor total. Si no existiese  el Amor previo estable, que ha unido los
espíritus totalmente y para siempre, la unión sexual carecería de todo significado espiritual. Se
quedaría en algo puramente placentero, corporal, aunque conllevara aspectos externos o
subjetivos del Amor. 

Saber amar exige emplear alma y cuerpo. Y saber amar también con el cuerpo no es
simplemente dejarse llevar por el primer impulso corporal. De lo que se trata es de dar al otro
dándose, es decir buscando el bien del otro. 
Y puede suceder que lo que guste a uno -o a los dos- no sea sino expresión de egoísmo que
lleva a no buscar la recíproca donación, sino a tomar "una parte", "una cosa" de la otra
persona. La persona se esfuma ante "la cosa"  que se busca en ella (la mujer-objeto o el
hombre-objeto que sólo se buscan para mirarlos o tocarlos o lucirlos, para "gozarlos"
sensiblemente). 

Por eso, sería un modo inadecuado de tratar un chico a una chica -o a la inversa- dándole
palmadas en la espalda o alborotándole el pelo. Eso siempre va más allá de la simple
camaradería y familiaridad entre personas del mismo sexo que, por lo demás, tampoco reporta
ninguna ventaja. 

20. El sexo no se identifica con el amor

Buscar en otra persona sólo su aspecto sexual no es amor. No es querer a la persona con
todo lo que lleva dentro -su personalidad-, sino fijarse sólo en un aspecto por la satisfacción
sensual que puede proporcionar. 
Ya se ve que el uso del sexo -fuente de placer corporal y afectivo- no es amor, puesto que
éste es de suyo principalmente espiritual ( y en la "alianza" matrimonial también corporal y
afectivo). Tampoco el uso del sexo por sí mismo crea el amor -donación- entre las personas.
Es más, tiende a todo lo contrario: al egoísmo, a centrarse en uno mismo, y, por consiguiente,
a desunir. 

Un peligro real en la relación  amorosa es intentar aprovechar la relación para desatar la
propia sensualidad en provecho propio. Cualquier persona se da cuenta de que una frase que
"sugiere" encierra otra cosa  que la relación de amistad, o que una caricia deja de saber a
cariño y “sabe” a otra cosa. 
El sexo buscado por sí mismo siempre defrauda, no satisface a nadie, deja un poso de
descontento. 

21. El Amor no se “hace”

En las últimas décadas, a base de procurar torcer el significado de los conceptos, se ha ido
infiltrando la idea de que "hacer el amor" es amor. Incluso más, que para demostrarlo a otra
persona a quien se dice que se quiere, lo lógico será demostrarlo de esa manera. 
No basta ser muy lince para darse cuenta del engaño, pues el Amor no “se hace”, “se da”.
Es algo del espíritu, es una entrega mutua donde no va a recibirse. “Se hacen” objetos, cosas.
“Hacer amor” es tratar a la otra persona y a uno mismo como un objeto de placer, lo cual nada
tiene que ver con el Amor. 

22. Hasta dónde se puede llegar

Fuera del matrimonio, iniciar voluntariamente la sensualidad en su aspecto sexual es un
desorden, pues de suyo ese movimiento lleva una dirección con un fin, y si fuera del
matrimonio el final es moralmente malo, su inicio también lo es. 
No se debe caer en el engaño de que “nosotros no vamos a llegar hasta el final”, porque, de
un lado es una ingenuidad, y de otro, eso ya es algo malo de suyo, de igual modo que airarse
un poco ya está mal, aunque uno se controle para no acabar haciendo una locura. 
Ciertas manifestaciones de familiaridad (determinados besos, caricias, modos de bailar,
modos de acompañarse, etc.)  excitan la sensualidad, deliberada o involuntariamente Suele
suceder que esas expresiones que dan paso fácil a la intimidad tienen distinto significado para
un chico que para una chica. 

Para la chica pueden aparecer como una muestra de cariño o como  un éxito propio por
haber conseguido gustar o llamar la atención. Para el chico, en cambio, pueden significar la
señal de “vía libre” hacia la intimidad que puede suponer un recorrido sin retorno. Por eso las
chicas han de recordar que son ellas las que ponen el límite. Siempre que hay un desorden en
la sensualidad la culpa es de los dos; pero siempre depende de la chica que el chispazo llegue
a prender. 

23. ¿Qué es lo normal?    

Lo normal o lo natural no es así porque lo hagan muchos. Si muchos, o la mayoría,
caminaran sobre las manos seguiría siendo lo normal o lo natural caminar sobre los pies. Lo
normal, lo natural es lo que conviene al propio modo de ser. Y eso es lo moralmente bueno en
las personas.

Por eso, si hay mucha gente que mantiene actitudes que llevan a desencadenar la
sensualidad, eso no ha de proclamarse como la norma de actuación de una persona. Más bien
es una actitud despersonalizante. Entrar en la lógica de comportarse según se ve que hacen los
demás manifiesta poca capacidad de crítica, poco criterio. En definitiva, copiar lo que no
conviene a una persona supondría dar muestras de escasa personalidad y de dificultad para
llegar a adquirirla. 
Quienes "hacen el amor" (practican el desamor) generalmente no llegan a casarse. El
verdadero Amor es perdurable y quienes lo buscan no harían bien en tomar esas conductas
como modelo. 

VI. MASCULINIDAD Y FEMINIDAD 

24. Un error común 

Una equivocación entre las chicas es creer que los chicos son como ellas. De igual modo
que muchos chicos tratan a las chicas como si fueran chicos. Las chicas son más afectivas, su
cariño es más ideal y delicado. En los chicos el impulso sexual es mucho más fuerte, más
corporal. 

Una chica tendría que saber qué cosas afectan a los chicos, y si les afectan mucho y en qué
sentido. Por ejemplo, una chica puede creer que va vestida a la moda y que llama la atención,
pero no darse cuenta que viste provocativamente. 
25. ¿Qué espera encontrar en un chico?
¿Qué espera encontrar una chica en un chico? Lógicamente las características propias de
los hombres: autoridad, seguridad, confianza, cariño, sinceridad. Que sea bueno, que la
quiera. Y siempre: que no le defraude. 
Que la quiera a ella por ser quien es, no sólo por su aspecto externo (aunque es bueno que
lo cuiden) o por las ocasiones de placer que puedan proporcionarle a ese chico sus cualidades
físicas femeninas externas. 
Muchas veces, sobre todo en la adolescencia, quedan decepcionadas porque los chicos no
se las toman en serio, las toman como un juguete. Es lógico porque, salvo en el “primer amor”
(en el cual el chico queda deslumbrado afectivamente), el chico sabe que le quedan muchos
años por delante para casarse. 

26. ¿Qué espera encontrar en una chica?

Suponiendo que es un chico que quiere verdaderamente a una chica (no nos referimos a
otras actitudes que ya nacen desprovistas de rectitud), espera encontrar en la chica los rasgos
femeninos: no alguien que se le imponga, que  le persiga; espera cariño, afectividad,
comprensión, fidelidad. Y que de alguna manera sea un misterio, alguien que descubrir y
conquistar con los años, en el matrimonio y que no entregue su intimidad frívolamente.      11
Siempre, aunque sea inconscientemente, se da cuenta que la chica tiene cuerpo de mujer, y
espera que le ayude a ser bueno. El chico siente en sí mismo el tirón de la sensualidad y
espera que ella le ayude a que su amor tire  hacia arriba, a que sea  espiritual, no corporal,
aunque en un momento dado la sensualidad pida satisfacerse en el momento. La chica que no
le ayuda en este sentido, de alguna manera le defrauda: un chico que vale la pena siempre
valora la pureza propia y la de su novia, y espera que -si tiene un momento de debilidad- ella
le "pare los pies". Por eso es tan importante para las chicas no perder la feminidad: el cariño,
la ternura, el saber llevar a quien ama hacia el futuro, hacia el Amor espiritual y permanente. 
Dan pena las chicas que provocan u originan el desamor, tendiendo a satisfacer sus
pasiones aquí y ahora. No son miradas ni tratadas como mujeres porque han perdido lo más
propio de su dignidad personal:  la feminidad, lo que resguarda lo mejor de su condición
femenina. 

27. ¿Qué piensa el otro? 

Una chica (o un chico, porque hoy también muchas chicas se muestran agresivas) que no
entra en el juego del desamor puede aparecer tonta, estrecha, o lo que se quiera. Pero es digna
de respeto. Cualquier chico sabe que posee un valor, un gran valor que se desearía compartir
con ella el día de mañana, cuando acaben estos tanteos, titubeos iniciales limpiamente
superados.

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