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El Trabajo en Equipo es uno de los valores más grandes en nuestro Movimiento, para que todo resulte bien para Gloria de Dios todos ponemos un granito de arena.

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La oración comunitaria es la expresión de la fe que nos une a todos en una misma plegaria a Dios por nuestras familias.

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Se comparte a través de temas que desarrollan los matrimonios, bajo la luz del Espíritu Santo.

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Tema: Tienes que aliarte con el Espíritu Santo

¿Tú realmente estás trabajando acompañado de esa fuerza misteriosa, santificadora y vivificadora?
 
Tienes que aliarte con el Espíritu Santo

Cuando haces tu opción por la santidad tienes que convencerte que es algo, arduo, no fácil, algo difícil y costoso. Porque hay muchas almas que consideran que con unos ejercicios espirituales, con un retiro, con una buena dirección espiritual, una visita eucarística pueden ya lograr la santidad. ¡No! La santidad es algo difícil y costoso. ¿Por qué? Porque tenemos que luchar siempre por controlar nuestros instintos y nuestras pasiones que nos llevan en muchos casos por un camino lejano del camino de la santidad.

Debemos convencernos íntimamente de que solos no vamos a lograr en verdad y objetivamente y sin parodias llegar a la santidad, y que por lo tanto debemos aliarnos con plena conciencia con el Espíritu Santificador. Aquél que nos envió Jesucristo después de su muerte para enseñarnos, iluminarnos, mantenernos en la verdad, dulce huésped del alma, Maestro, artífice de santidad, sin Él no hay nada en el hombre. Así pues, tú tienes que ser aliado, amigo colaborador del que tiene que ser tu inspirador y tu fuerza. Has hecho tu opción tienes que luchar duro para lograrla y tienes que aliarte con alguien todavía más fuerte que tú y que tus pasiones, para lograr esa santidad. Tienes que aliarte con el Espíritu Santificador, el que Cristo te prometió que te enviaría después de subir a los cielos y que te mandó el día de Pentecostés. Ese Espíritu que late en todo el mundo, en toda la Iglesia, que late en todos los corazones que quieren darle cabida.

Tenlo pues, como aliado, como amigo, como colaborador. Hazlo alguien que cuenta para todo tu quehacer diario. Para todo: estudios, trabajo, juego, apostolado, relaciones humanas, vida interior. ¡Para todo! Sin excluir nada.

Hazte una pregunta: ¿tú realmente estás trabajando acompañado de esa fuerza misteriosa, santificadora y vivificadora que es la alianza y la unión con el Espíritu Santo, que habita en tu corazón por la gracia, que está dentro de ti por la gracia, con la Santísima Trinidad, con el padre y con el Hijo?

Realmente pregúntate: ¿tú trabajas aliado a Él? ¿Lo recuerdas? ¿Cuántas veces lo sientes en tu vida, en tus oraciones, en tus recreos, en el comedor, en todo tu tiempo? ¿Cuántas veces te percatas de que cuentas y estás con el Espíritu Santo santificador trabajando por lograr aquellos actos, que parecen intrascendentes, tu santificación personal?

Trabaja pues y haz todo esto con una gran confianza y estrecha unión con el “socio”, con el que vas hacer la obra más importante de tu vida: la obra de tu santificación. No hay socio mejor ni amigo mejor.

Tú ya tiene un “socio” para poder santificarte. Tú tienes que trabajar con tu “socio” para poder santificarte. Tú tienes que trabajar con tu “socio” para preparar el mármol, la piedra, el material donde Él y tú van a esculpir la imagen viviente de nuestro Señor Jesucristo. Así es como tú desde la santidad y desde la amistad con el Espíritu Santo vas a lograr llegar a ser otro Cristo, un testimonio viviente del Evangelio. Así es como va a cumplirse en ti aquello de: que Cristo sea vuestra vida. 

Tema - Virgen de Fatima, Historia de Las Apariciones

 
 En preparación para las apariciones de Nuestra Señora, un ángel quien se identificó como el Ángel de Portugal, le habló en primer lugar a los niños diciéndoles: "No teman. Yo soy el ángel de la Paz. Recen conmigo".
Luego el se arrodilló, doblándose hasta tocar el suelo con su frente y rezó: "Dios mío, yo creo, yo adoro y yo te amo!, te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no confían y no te aman!" El dijo esta oración tres veces. Cuando se paró, le dijo a los niños "Recen así. Los corazones de Jesús y María están atento a la voz de sus suplicaciones" El dejó los niños quienes empezaron a decir esta oración frecuentemente.
Las apariciones del Ángel de Portugal (1916)
En la Portugal rural del 1917 no es inusual el ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear. Esto es lo que los niños de la familia Marto y Santos, todos primos, hacían en estos días. Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad agradecidos por el chance de estar al aire libre y de jugar mientras las ovejas pastoreaban en silencio. Ellos llevaban a pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblito de Fátima (donde la Iglesia parroquial se encontraba) y Aljustrel (donde vivían los niños). Dos miradores favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeco (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Enseñada de Irene) a un distancia de Fátima. En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y de la historia del siglo 20.

:: Primera Aparición del Angel de Portugal

Apariciones de la Santísima Virgen María (1917)
Casi 8 meses pasaron desde la última aparición del Ángel. Lucía, Francisco y Jacinta continuaron a obrar lo que el ángel les había enseñado, orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía ahora 10 años, Francisco nueve en Junio y Jacinta acababa de cumplir siete en marzo cuando el 13 de mayo de 1917, decidieron de llevar sus ovejas en unas colinas que pertenecían al padre de Lucía conocidas como Cova da Iria, o Ensenada de Irene. Fue ahí, solo con una excepción, donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció en seis ocasiones en 1917, y una novena vez en 1920 (sólo a Lucía).
Tan importante como el lugar y el momento eran la situación a nivel mundial. En esos momentos la Primera Guerra Mundial hacía estragos en Europa, conduciendo a la humanidad a la forma más salvaje de guerra vista hasta el día de hoy. En la lejanía de Moscu, Lenin preparaba la revolución que volcó el orden social Ruso en Noviembre de 1917 y en la que se sumergió eventualmente casi la mitad de los habitantes de esta tierra. Fue en este contexto en el que el cielo intercede por la tierra para proveer el antídoto para los males morales y sociales del mundo – el mensaje de Fátima.
Fuente: www.ewtn.com

Tema: Uno más uno - La pareja según el diseño de Dios



Han surgido muchas definiciones sobre el matrimonio. Entre ellas se ven algunas formuladas según la conveniencia del individuo, de tal modo que puedan favorecer la ausencia de un compromiso permanente hacia el cónyuge. Este sinnúmero de conceptos nos obliga a revisar la declaración de Dios acerca del matrimonio. El autor nos ofrece un estudio cuidadoso de la misma en los cuatro pasajes bíblicos en los que se menciona.

UN DISEÑO VIGENTE

El plan de Dios para el matrimonio está claramente expuesto en la Palabra de Dios, la Biblia. Génesis 2.18–25 introduce los conceptos de dejar la etapa de soltero (padres), unirse en pareja y ser una sola carne.

Según mi entender, hay sólo una declaración acerca del matrimonio que Dios incluye cuatro veces en la Biblia. Ella se encuentra en Génesis 2.24, Mateo 19.5, Marcos 10.7, 8 y Efesios 5.31. Esta declaración dice así: «Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne».

Como dijimos, entonces, Dios hace esta declaración cuatro veces: una en el Antiguo Testamento y tres veces en el Nuevo Testamento. Una vez antes de la caída del hombre en el pecado y tres después de dicho evento. De esto deducimos que esta declaración contiene el propósito matrimonial de Dios tanto para el hombre perfecto como para el hombre pecador. Es el plan de Dios para todos los tiempos, a fin de lograr un buen matrimonio, y un buen plan es tan necesario para un buen matrimonio como lo es para una construcción.

Hoy en día encontramos muchos matrimonios tristes e insatisfechos, y no sólo entre los no creyentes sino también entre los mismos cristianos. Esta tristeza es causada, en gran parte, por la falta de atención al plan de Dios para el matrimonio. ¿Cuál es, entonces, ese plan? ¿Qué involucra el matrimonio según Dios?

UNA NUEVA ETAPA

DEJAR

En primer lugar, el diseño de Dios para la pareja señala que el esposo y la esposa deben dejar a sus padres y a sus madres. ¿Qué significa dejar a sus padres?

Pues bien, ciertamente no significa que deben abandonarlos y dejarlos por completo (comparar Ex 21.12; Mr 7.9-13; 1 Ti 5.8). Tampoco significa que deben separarse necesariamente a una gran distancia geográfica. Vivir demasiado cerca de los padres —especialmente al comienzo del matrimonio— puede hacer difícil el dejar para vivir una nueva etapa. Es posible dejar al padre y a la madre y vivir en la casa contigua; si bien están cerca, la manera en que se relacionen hace que puedan ser independientes. Y a la inversa, es posible también vivir a miles de kilómetros de distancia de los padres y no dejarlos. De hecho, es posible que muchos no hayan dejado a sus padres aunque estos ya hayan fallecido.

Dejar a sus padres significa que su relación con ellos debe cambiar radicalmente, para establecer una relación adulta de ahora en adelante. Significa que deben ocuparse y atender más a las ideas, opiniones y prácticas de su cónyuge que a las de sus padres. No estar esclavizados a ellos en cuanto a afecto, aprobación, ayuda y consejo.

Dejar a los padres significa también que deben eliminar cualquier actitud mala hacia ellos, o de lo contrario estarán ligados emocionalmente aunque físicamente estén lejos.

Muchas personas ingresan al matrimonio sin dejar de depender emocionalmente de sus padres, a tal punto que continúan procurando que su cónyuge cambie sólo porque a sus padres no les gusta como es. La etapa del matrimonio y el dejar a los padres significa que los dos, de común acuerdo, deciden que la relación marido y mujer tiene prioridad sobre toda otra relación humana.

UNA NUEVA ETAPA

UNIRSE

El plan de Dios para el matrimonio es que el marido y la mujer deben unirse el uno al otro. En nuestra época las parejas jóvenes parecen casarse con la idea de que si su matrimonio fracasa pueden obtener el divorcio. Cuando se casan prometen ser fieles hasta la muerte, pero mentalmente —consciente o inconscientemente— añaden: «a menos que nuestros problemas sean demasiado grandes».

En verdad, algunos sugieren que debiéramos renovar nuestra libreta de casamiento cada año, así como renovamos la licencia de conductor. Otros sugieren que nos olvidemos de todo el trastorno del matrimonio civil y las tensiones de la ceremonia de casamiento. Para ellos el matrimonio es algo de su conveniencia, de suerte, y puede ser muy pasajero. Todo depende de cómo caen las cartas.

Sin embargo, Dios dice: «Yo no lo planeé así. Yo quise que el matrimonio fuese una relación permanente. Yo quiero que el marido y la mujer se adhieran el uno al otro» (Mr 10.7–9)

El matrimonio, entonces, no es cuestión de suerte, sino de elección deliberada. No es sólo un asunto de conveniencia sino de obediencia; y no depende de cómo caen las cartas sino de cuánto estamos dispuestos y decididos a trabajar para su éxito.

Un buen matrimonio está basado más sobre compromiso que sobre sentimientos o atracción corporal. De acuerdo con Malaquías 2.14 y Proverbios 2.17, el matrimonio es un pacto, un contrato irrevocable por el cual estamos ligados a otra persona. Por tanto, cuando dos personas se casan prometen que serán fieles el uno al otro, pase lo que pase. La esposa promete que será fiel aunque el esposo engorde, se ponga calvo, o tenga que usar lentes bifocales; aunque pierda la salud, su riqueza, su empleo, su atractivo; aunque aparezca alguien más excitante.

Por su parte, el esposo promete ser fiel aunque la esposa pierda su belleza y atractivo; aunque no sea tan pulcra y ordenada o sumisa como él quisiera; aunque no satisfaga sus deseos sexuales completamente. Él la amará y honrará aunque gaste el dinero neciamente o sea una mala cocinera.

El matrimonio significa que el marido y la mujer entran en una relación por la que aceptan total responsabilidad y se comprometen el uno al otro sin tomar en cuenta los problemas que puedan surgir.

En muchos sentidos el casarse se parece a la conversión. Cuando una persona se convierte a Cristo deja su antigua manera de vivir, su justicia propia, sus propios esfuerzos para salvarse, y se entrega a Cristo, quien murió en lugar de los pecadores. En este acto de entrega a Cristo, la persona se compromete con Cristo. La misma esencia de la fe salvadora es una entrega personal a Cristo por la cual la persona promete confiar total y completamente en el Señor y a servirle fiel y diligentemente, sin tomar en cuenta cómo se sienta o qué problemas puedan surgir (comparar Ro. 10.9; Hch. 16.31; Fil. 3.7, 8; 1 Ts. 1.9, 10).

De la misma manera, el matrimonio según Dios involucra una entrega total e irrevocable de dos personas, la una a la otra. El matrimonio según Dios incluye el adherirse el uno al otro en enfermedad y en salud, en pobreza y en riqueza, en alegrías y tristezas, en gozo y dolor, en tiempos buenos y tiempos malos, en acuerdos y desacuerdos.

El matrimonio según Dios significa que saben que deberán enfrentar problemas, cambiar opiniones acerca de ellos, buscar la ayuda de Dios, y resolver esos conflictos en lugar de escapar de ellos. No hay salida del vínculo; están comprometidos el uno al otro de por vida. Deben adherirse el uno al otro hoy y mañana, mientras los dos vivan.

UNA NUEVA ETAPA

UNA SOLA CARNE

Terminando con las grandes definiciones de Génesis 1.18-25, vemos que el plan de Dios para el matrimonio involucra el ser una carne.

En el nivel más elemental, esto se refiere a relaciones sexuales, la unión física. Busque una Biblia y lea con atención 1 Corintios 6.16.

Dentro de los límites del matrimonio, las relaciones sexuales son santas, buenas y hermosas, pero fuera del contexto de «dejar» y «unirse», son negativas, degradantes y pecaminosas (compare con He. 13.4).

Sin embargo, el ser «una sola carne» involucra más que el acto sexual en el matrimonio. En verdad, ese acto matrimonial es el símbolo o la culminación de una unión más completa, de una entrega total a la otra persona. En consecuencia, si la unión más completa no es una realidad, las relaciones sexuales pierden su sentido.

Una definición del matrimonio que me gusta mucho es: El matrimonio es una entrega total y un compartir totalmente de la persona total con otra persona, hasta la muerte. El propósito de Dios es que cuando dos personas se casan deben compartir todo: sus cuerpos, sus posesiones, sus percepciones, sus ideas, sus habilidades, sus problemas, sus éxitos, sus sufrimientos, sus fracasos, etcétera.

El esposo y la esposa son un equipo y lo que cada uno hace debe ser por amor a la otra persona —o al menos no debe ser en detrimento del otro—. Cada uno debe preocuparse tanto por las necesidades de la otra persona como por las propias (Ef. 5.28; Pr. 31.12, 27).

Los esposos ya no son dos sino una carne, y este concepto de una carne debe manifestarse en maneras prácticas, tangibles y demostrables. Dios no desea que sea solo un concepto abstracto o una teoría idealista sino una realidad concreta. La intimidad total y la profunda unidad son parte del plan de Dios para un buen matrimonio.

La intimidad total y la unidad profunda, sin embargo, no significan una total uniformidad e igualdad. Mi cuerpo se compone de muchas partes diferentes. Mis manos no hacen la tarea de mis pies y mi corazón no hace el trabajo de mi hígado. Hay gran diversidad de miembros en mi cuerpo y sin embargo mantienen la unidad. Las partes de mi cuerpo se ven distintas y actúan de una manera diferente, pero cuando funcionan normalmente cada parte trabaja para el beneficio de las demás, o, a lo menos, una parte no trata deliberadamente de herir a las otras.

Del mismo modo, el marido y la mujer pueden ser muy diferentes en algunos aspectos, pero no deben permitir que esas diferencias obstaculicen su unidad porque el propósito de Dios para el matrimonio es la unidad total.

Sin embargo, tú y yo sabemos que la total unidad no se logra fácilmente, ya que el obstáculo básico para el logro de la unidad, es nuestra pecaminosidad. En Génesis 2.25, inmediatamente después de que Dios dijera que el marido y la mujer serían una sola carne, la Escritura dice: "Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban".

La desnudez de Adán y de Eva no es una recomendación al nudismo público. Esto ocurrió antes que hubieran otras personas a su alrededor. ¡Adán fue el único ser humano que vio a Eva desnuda y Eva fue la única mujer que vio a Adán desnudo! Es más, esto sucedió antes de que pecaran. Después que pecaron leemos que "fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales". En cuanto entró en escena el pecado comenzaron a cubrirse.

Ese intento de cubrirse ciertamente era evidencia de que estaban conscientes de su pecado ante Dios. Inmediatamente —y neciamente— procuraron esconder su pecado de Dios. Y más aun, al cubrirse simbolizaban su esfuerzo por esconderse el uno del otro. Cuando entró el pecado, la transparencia y la unidad total que disfrutaban fueron destruidas.

Del mismo modo, como el pecado entró y estorbó la unidad de Adán y Eva, así nuestro pecado sigue siendo la gran barrera que entorpece la unidad matrimonial en el día de hoy. A veces la unidad matrimonial es destruida por el pecado del egoísmo, otras por el pecado del orgullo. En ocasiones esa unidad es quebrada por el pecado de amargura, o la ingratitud, la terquedad, el vocabulario hiriente, el abandono, la impaciencia, la aspereza o la crueldad. Fue el pecado lo que destruyó la unidad total de Adán y Eva, y es el pecado el que destruye la unidad de los esposos hoy día.

LA PRESENCIA NECESARIA: JESUCRISTO

Lo que acabamos de ver al final del punto anterior nos lleva a reconocer nuestra necesidad de Jesucristo, tanto en nuestras vidas como en medio de nuestro matrimonio.

En primer lugar, necesitamos restablecer, por intermedio de Jesucristo, una buena relación con Dios (comparar Ro 3.10–23; Is 59.2; Col 1.21–23; Ef. 1.7; 2.13–21; 2 Co 5.21; 1 P 3.18).

Pero no sólo necesitamos entrar en una buena relación con Dios por medio de Jesucristo; también es necesario que Jesucristo nos ayude a estar bien relacionados el uno con el otro. Él vino al mundo para destruir las barreras que existen entre los hombres, además de las que hay entre el hombre y Dios. Jesús quiebra las barreras que existen entre los hombres; anula la enemistad y hace que los hombres sean uno en Él (Ef. 2.14-16; Gá. 3.28). Sólo Él puede tomar a un hombre y una mujer, pecadores y egoístas, y lograr que dejen a su padre y a su madre, se unan y lleguen a ser una carne.

Por tanto, si han de experimentar la total unidad que Dios dice es esencial para un matrimonio bueno, deben acudir a Jesucristo. Él quita las barreras, destruye las paredes que dividen, limpia de pecado, quiebra el poder del pecado reinante. Él libera al cautivo, le da el Espíritu Santo al hombre, el cual produce en él el fruto de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Jesucristo envía el Espíritu Santo, quien hace posible que hombres y mujeres pecadores dejen a su padre y a su madre, se unan el uno al otro y lleguen a ser una carne.

Adaptado del primer capítulo de Fortaleciendo el matrimonio, por Wayne Mack.

Santísima Virgen María - Inmaculada Concepción de María




La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.

Como demostraremos, esta doctrina es de origen apostólico, aunque el dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)


La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.

Cuando hablamos del dogma de la Inmaculada Concepción no nos referimos a la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado. El dogma declara que María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción.

La Encíclica "Fulgens corona", publicada por el Papa Pío XII en 1953 para conmemorar el centenario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, argumenta así: «Si en un momento determinado la Santísima Virgen María hubiera quedado privada de la gracia divina, por haber sido contaminada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, entre ella y la serpiente no habría ya -al menos durante ese periodo de tiempo, por más breve que fuera- la enemistad eterna de la que se habla desde la tradición primitiva hasta la solemne definición de la Inmaculada Concepción, sino más bien cierta servidumbre»

Fundamento Bíblico

La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.

El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15) menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a El se manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.

En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María ciertamente lo sugiere.

El Apocalipsis narra sobre la «mujer vestida de sol» (Ap 12,1). Ella representa la santidad de la Iglesia, que se realiza plenamente en la Santísima Virgen, en virtud de una gracia singular. Ella es toda esplendor porque no hay en ella mancha alguna de pecado. Lleva el reflejo del esplendor divino, y aparece como signo grandioso de la relación esponsal de Dios con su pueblo.

En el siglo IX se introdujo en Occidente la fiesta de la Concepción de María, primero en Nápoles y luego en Inglaterra.

Hacia el año 1128, un monje de Canterbury llamado Eadmero escribe el primer tratado sobre la Inmaculada Concepción donde rechaza la objeción de San Agustín contra el privilegio de la Inmaculada Concepción, fundada en la doctrina de la transmisión del pecado original en la generación humana.

La castaña, escribe Eadmero, «es concebida, alimentada y formada bajo las espinas, pero que a pesar de eso queda al resguardo de sus pinchazos». Incluso bajo las espinas de una generación que de por sí debería transmitir el pecado original, María permaneció libre de toda mancha, por voluntad explícita de Dios que «lo pudo, evidentemente, y lo quiso. Así pues, si lo quiso, lo hizo».

Los grandes teólogos del siglo XIII presentaban las mismas dificultades de San Agustín: la redención obrada por Cristo no sería universal si la condición de pecado no fuese común a todos los seres humanos. Si María no hubiera contraído la culpa original, no hubiera podido ser rescatada. En efecto, la redención consiste en librar a quien se encuentra en estado de pecado.

El franciscano Juan Duns Escoto, al principio del siglo XIV, inspirado en algunos teólogos del siglo XII y por el mismo San Francisco (siglo XIII, devoto de la Inmaculada), brindó la clave para superar las objeciones contra la doctrina de la Inmaculada Concepción de María. El sostuvo que Cristo, el mediador perfecto, realizó precisamente en María el acto de mediación más excelso: Cristo la redimió preservándola del pecado original. Se trata una redención aún más admirable: No por liberación del pecado, sino por preservación del pecado.

Escoto preparó el camino para la definición dogmática. Dicen que su inspiración le vino al pasar por frente de una estatua de la Virgen y decirle: "Dignare me laudare te: Virgo Sacrata" (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).

1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? - Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.

2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? - Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.

3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

Entonces Scotto exclamó: Luego 1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original. 2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha 3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

Méritos: María es libre de pecado por los méritos de Cristo Salvador. Es por El que ella es preservada del pecado. Ella, por ser una de nuestra raza humana, aunque no tenía pecado, necesitaba salvación, que solo viene de Cristo. Pero Ella singularmente recibe por adelantado los méritos salvíficos de Cristo. La causa de este don: El poder y omnipotencia de Dios.

Razón: La maternidad divina. Dios quiso prepararse un lugar puro donde su hijo se encarnara.

Frutos: 1-María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia. Concupiscencia: los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal.

2-María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.

El dogma de la Inmaculada Concepción de María no ofusca, sino que más bien pone mejor de relieve los efectos de la gracia redentora de Cristo en la naturaleza humana. Todas las virtudes y las gracias de María Santísima las recibe de Su Hijo. La Madre de Cristo debía ser perfectamente santa desde su concepción. Ella desde el principio recibió la gracia y la fuerza para evitar el influjo del pecado y responder con todo su ser a la voluntad de Dios. A María, primera redimida por Cristo, que tuvo el privilegio de no quedar sometida ni siquiera por un instante al poder del mal y del pecado, miran los cristianos como al modelo perfecto y a la imagen de la santidad que están llamados a alcanzar, con la ayuda de la gracia del Señor, en su vida.

En torno a las ideas de Escoto se suscitó una gran controversia. Después de que el Papa Sixto IV aprobara, en 1477, la misa de la Concepción, esa doctrina fue cada vez más aceptada en las escuelas teológicas.

El Papa Sixto IV, en 1483, casi 4 siglos antes del dogma, había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente.

Tema de Familia: Los hijos, ¿propiedad o misión?



Por Fernando Pascual - fpa@arcol.org
Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... “tenemos cuatro hijos”.
Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela...
Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.
Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro... La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.
Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas...
Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...
Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...
La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...
San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...
Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.
Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial...

HABLEMOS DEL AMOR Quinta Parte



VII. EXIGENCIAS DEL AMOR 

28. La castidad, señal de verdadero amor 

La virtud de la templanza es aquella disposición de la voluntad que inclina a usar
ordenadamente el bien deleitable, el placer sensible. La virtud de la castidad es una parte de la
templanza, e inclina a usar ordenadamente el placer sexual. La castidad, la pureza, reside en el
fondo del alma y permite mirar las cosas y las personas limpiamente. Por el contrario, cuando
no se vive, los ojos del alma están como manchados, y se ven maliciosamente las cosas y las
personas. 

Como el Amor supone querer el bien del otro, ya se ve que la pureza es una condición
imprescindible para el amor, para ver en el otro una persona, para mirarle a los ojos y no al
cuerpo, como posible objeto de placer. En la relación amorosa esta es una exigencia, y a la
vez es una manifestación del amor. En la medida en que alguien no vive esta virtud es señal
de que se ama a sí mismo. 

“Los novios -señala el Catecismo- están llamados a vivir la castidad en la continencia. En
esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y
de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del
matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse
mutuamente a crecer en la castidad”. (Catecismo de la Iglesia Católica, n.2350). 

29. El Amor no admite “ser probado” 

Frases del tipo: “Tengo que probar tu amor; si me amas no tienes más remedio que hacer
algo que te perjudica; te demuestro mi amor saltándome las reglas del respeto” son la prueba
clara de que ahí no hay Amor auténtico ni se está enamorado. Porque el Amor tiende a dar, no
a recibir; tiende a enriquecer al otro, no a sacar partido de él. Poner condiciones en este     12
sentido, pedir “prestaciones” de utilidad-placer, es no tener en cuenta que el otro es persona, y
se le trata como una cosa. Se prueban las motos, los bolígrafos..., pero a las personas no se las
prueba. 

Siempre que se solicita del otro entrar en la impureza, uno se pregunta: ¿Por qué me lo
pide? ¿Por ser yo quien soy o por lo que le doy? Al no dar al otro lo que causa un mal propio
y ajeno -perder la pureza es un mal para ambos- se aclara la duda: si el otro rectifica, quizá
haya sido un error del que se arrepienta; si no, es que sólo busca eso. La negativa al mal deseo
hace comprobar si hay amor a la persona, junto con un momento de debilidad. Si es así,
surgirá la petición de perdón y la rectificación. Si sólo se busca el placer, vendrá la insistencia
reiterada o el abandono para buscar el placer en otra fuente. En todo caso se despeja la duda
sobre las intenciones de quien hizo la mala  propuesta. La garantía del buen-amor es la
presencia constante del respeto mutuo. Si se pierde el respeto ya se ha perdido el amor. 

30. El "cortocircuito" del enamoramiento 

Cuanto más temprano y más intensamente gana importancia y predominio el aspecto
sexual en el proceso de conocerse y enamorarse, tanto más difícil es que esa relación llegue a
ser un auténtico Amor que abarque verdaderamente la personalidad entera del otro con todas
sus facetas espirituales y caracteriológicas. Pues una relación sexual fácilmente actúa como
cortocircuito que impide la maduración personal y del Amor. El enamoramiento, en el que
predomina el atractivo y la afectividad sobre el aprecio de los valores más profundos de la
persona, unido a la dependencia que crea el placer sexual, puede ser declarado como Amor,
pero no lo es. 

Imaginemos una melodía interpretada por toda una orquesta. Cada instrumento suena en su
momento, y algunos apenas se notan. Si se aísla un instrumento y se pone a todo volumen, lo
que hará es distorsionar la maravilla de la melodía. Ya no es lo que se trataba de escuchar. Es
más, ese cortocircuito puede ser algo así como un chillido que hace inaudible la música. 
No olvidemos que el aspecto  sexual -sobre todo si se reduce a aspectos principal o
exclusivamente genitales desvinculados de la  paternidad- puede desenfocar totalmente a la
persona (puede constituir una obsesión o un vicio), y desenfocar la relación amorosa,
convirtiéndose en el elemento aislado que polarice toda la relación en torno a un solo valor (el
sexual-genital) no integrado en el conjunto de valores (físicos, afectivos, espirituales,
generativos, etc.) que, integrados armónicamente, dan unidad a la persona. Ese valor
“desintegrado” la desune, la rompe. 

La tendencia sexual es un valor positivo y muy delicado que debe permanecer latente antes
del matrimonio. No en vano las fuentes de la vida son, en cierto modo, algo sagrado. La
intimidad del otro debe de ser como un misterio que se desvele en el matrimonio. Si se
desvela antes, el enamoramiento pierde su encanto, los novios se miran de otra manera; los
enamorados han sufrido una negativa transformación personal en su camino hacia el
matrimonio. Y con mayor razón quedarán negativamente afectados si no llegan nunca a
contraer matrimonio.
 
31. El “riesgo” prolongado 

Hay un problema cuando un chico y una chica se relacionan de modo estable desde los
diecisiete años o antes, y es que, o tienen las ideas muy claras, una voluntad fuerte para
guardar las distancias y no se ponen en situación de “riesgo”, o tendrán muchas ocasiones     13
para poder actuar mal. Y puede que lleguen a justificarse engañosamente considerando esa
mala conducta como una muestra de amor y confianza, como un “anticipo”. 

Es una de las dificultades de los noviazgos precoces, incluso planteados con la idea de
casarse... dentro de diez años. La frecuente relación puede llegar a hacer que se trivialicen
aspectos íntimos, originándose una escalada en la demanda afectivo-sexual. Transcurrido un
tiempo prudencial para conocer las mutuas cualidades -fin fundamental del noviazgo- puede
establecerse entre los novios una relación rutinaria en la que se presentan momentos de
pasión, malos ejemplos, debilidad o familiaridad creciente que puede concluir
insensiblemente en una relación inicialmente no prevista ni deseada. Cuanto más se prolonga
el riesgo más probable se hace el peligro de “accidente”. 
¿Después? Quizá el chico no vuelva a aparecer. Quizá a ella le parezca mal y vengan las
lágrimas. Quizá a ella no le parezca mal, y caigan en el vicio. 

32. Saber decir No al capricho para decir Sí al Amor. 

Como en el noviazgo no faltarán ocasiones de saltarse las normas morales y de faltar al
respeto a la otra persona, es preciso evitar aquellas ocasiones o lugares en los que se puede
desorientar la sensualidad. Saber decir que NO cuando la otra persona o el ambiente lleve a
hacer algo de lo que uno se puede arrepentir más tarde. 

Esto puede ayudar a corregir defectos en la otra persona. Una buena chica puede hacer
mucho bien a un chico, y al revés. Con esto, aunque cueste en un momento determinado decir
que No, se está diciendo que Sí al verdadero Amor, ya se case en el futuro con esa persona, ya
sea con otra. 

El sacrificio es como un fuego purificador que pone al descubierto el verdadero amor.
Respetar el tipo de relación y respetar a la otra persona, teniendo que moderarse, renunciando
muchas veces al propio capricho, es una exigencia del amor. Quien no se sabe sacrificar por la
otra persona, ni entiende de cariño, ni -si se casa- podrá ser feliz en el matrimonio. 

33. Como si estuviéramos casados 

Hay una diferencia esencial entre “estar prácticamente casados” y el Sí vinculante y
definitivo, dicho en conciencia ante Dios y ante todo el mundo. Todo lo que se haga antes del
matrimonio no compromete definitivamente, y uno puede abandonar. La boda, en cambio,
conlleva una decisión que compromete del todo si se entiende bien. 

En el matrimonio ya no son dos, sino una vida en dos personas, un “nosotros”. Algo que
Dios ha unido y que nadie puede romper, como la paternidad y la filiación. Es verdad que
después de la boda se puede vivir como no estando casado, pero en realidad se sigue atado
hasta que la muerte les separe. Esto es algo que se sabe perfectamente y no se puede borrar de
la conciencia. 

Por eso el lugar propio de la unión sexual entre las personas es el matrimonio, después de
la alianza por la que se entrega el espíritu y el cuerpo: todo. Por  eso ahí puede ser una
manifestación de Amor (que es corpórea y también de orden espiritual, y que expresa la
donación incondicionada -y sin retorno- de la  propia persona), y fuera de él nunca es una
manifestación adecuada de entrega. 

No cabe decir que se está prácticamente casado, de igual modo que un opositor de
judicaturas no puede juzgar y sentenciar, aunque al día siguiente sea Juez. La intención de ser     14
marido y mujer no basta para serlo. Conviene no engañar ni dejarse engañar en esto porque,
repito, antes de la boda ese compromiso no es firme y puede quedarse en un buen deseo que
podría retractarse. En cualquier otro asunto (económico, profesional, social, etc.) menos
relevante que la propia suerte personal no se omiten esas garantías. Cuando no se hace así se
contribuye al caos social y personal. 

34. El premio del Amor 

El Amor bien llevado, también con la carga de sacrificio que comporta para olvidarse de
uno mismo, da como resultado la felicidad humana (aunque sea relativa). El Amor es algo
permanente, que da seguridad de por vida porque se sabe confiado en el otro. Cuando ambas
personas se entregan totalmente, el Amor satisface plenamente y es enriquecedor. 
El desamor, en cambio, se demuestra siempre falso porque causa todo lo contrario: la
insatisfacción. Y no digamos nada de la sensualidad: siempre decepciona, causa frustración. 
Porque nosotros estamos hechos para algo permanente, no para algo transitorio y egoísta
que se acaba prácticamente donde ha comenzado. El placer, el goce del cuerpo, nunca
satisface; la alegría, por el contrario, que es el goce del alma, colma de felicidad. Porque la
alegría es la consecuencia del amor. Todos tenemos en el fondo de nuestro ser una sed de
permanencia, de algo espiritual. Y el Amor de esposos es espiritual, también en sus expresiones corporales. Y permanece para siempre dejando, además, constancia, si es fecundo, con el premio del hijo deseado, que es la encarnación, prolongación del Amor de los esposos. 

35. Saber esperar

La esperanza es la virtud propia de los labradores: esperan ver el fruto de sus sudores. Y
también es la virtud propia de los enamorados, pues esperan ver realizados sus sueños: poseer
el Amor en plenitud y con frutos que perpetúen su amor. 
Pero, como el labriego, hay que saber esperar. Esto a veces cuesta. ¿Quién no ha sentido
alguna vez la tentación de coger del árbol una fruta todavía verde? Si se recoge la fruta
cuando aún no está madura, es muy probable que no llegue a madurar y se eche a perder.
También puede suceder, es verdad, que se logre madurar, pero uno se tiene que pagar la
impaciencia, pues la fruta sabe de otro modo recogida en su punto. 
Durante la juventud se relacionan chicos  y chicas que llegan a enamorarse con un
enamoramiento fugaz que luego se acaba. ¡Cuántas personas viven la experiencia de un
matrimonio estable y fecundo que dura muchos lustros... y sin embargo no se casaron con su
primer amor, aquel de los dieciséis años! La vida es así. Importa en todo caso durante la
juventud no hacer cosas de las cuales uno se arrepentirá después. 
Vale la pena seguir las normas del buen-amor -(eso son las normas morales) y saber
esperar a entregarse del todo en su momento, a la persona que puede hacernos muy felices.

El Papa Benedicto XVl, apertura El Año Santo de La Fe



Benedicto XVI proclama el Año de la Fe, que ha comenzado coincidiendo con el 50 Aniversario del Concilio Vaticano II, y se prolongará hasta el 24 de noviembre de 2013, con el objetivo d
e dar "un renovado impulso a la misión de la Iglesia" para que el testimonio de los creyentes sea cada vez más creíble a través del "compromiso público", para la renovación de la Iglesia y para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe.
 




La ceremonia de inauguración del Año de la Fe, presidida por el Papa, y a la que asisten miles de personas en la plaza de San Pedro del Vaticano, estará "fuertemente impregnada" de signos que recuerdan el Concilio Vaticano II, según ha indicado el presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, el arzobispo Rino Fisichella. En la misa que oficiará el Pontífice participan 400 oficiantes, entre cardenales, arzobispos, obispos y Patriarcas de iglesias orientales en comunión con Roma.
 




Así, se leerán algunos fragmentos de las cuatro constituciones conciliares que caracterizaron el Concilio y se repetirá la procesión del 12 de octubre de 1962, en la que participarán todos los obispos presentes en la celebración solemne a la cual asistirán también los 262 Padres Sinodales que intervienen estos días en los trabajos del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización, los presidentes de las conferencias episcopales del mundo y catorce Padres Conciliares que, a pesar de su edad, han podido viajar a Roma.




Posteriormente, se realizará el rito de la 'entronización de la Palabra de Dios' que recuerda un momento de los trabajos conciliares cuando, en las sesiones solemnes en la Basílica de San Pedro, llegaba en procesión la Sagrada Escritura, que se colocaba en el centro de la asamblea conciliar, para recordar a todos que estaban al servicio de la Palabra de Dios, según ha indicado Fisichella.
 




Además, ha precisado que se utilizará el mismo atril y la misma Sagrada Escritura de los trabajos del Concilio y que, al final de la Eucaristía, se hará otra señal indicativa de que "las enseñanzas conciliares mantienen viva su actualidad y todavía merecen ser conocidas y profundizadas".
 




Fisichella ha asegurado que la coincidencia "no casual" del comienzo del Año de la Fe con los 50 años del Concilio, "brinda la oportunidad de regresar al acontecimiento conciliar que ha marcado de forma determinante la vida de la Iglesia en el siglo XX y de verificar la incidencia de sus enseñanzas, en el transcurso de estas décadas y de los próximos años, que marcarán el compromiso de la Iglesia en la nueva evangelización".
 




Fe y ciencia 'tienden a la verdad'
 




En la carta apostólica 'Porta Fidei' que prepara a los fieles para vivir el Año de la Fe, el Pontífice señala que la fe "está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad" que "reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos", aunque ha precisado que la Iglesia "nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno" porque ambas "tienden a la verdad".




Asimismo, el Papa reconoce que la Iglesia, "abrazando en su seno a los pecadores", es a la vez "santa y siempre necesitada de purificación" por lo que "busca sin cesar la conversión y la renovación" y ha recordado que la Iglesia "continúa su peregrinación en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios".
 




Concretamente, subraya que la misma "profesión de fe" es "un acto personal y, al mismo tiempo, comunitario" porque "el primer sujeto de la fe es la Iglesia". Según explica, la fe católica significa "adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia" y no puede ser "un hecho privado".




El Concilio, una 'brújula' para el cristianismo
 




Además, remarca que ha querido iniciar este año coincidiendo con el aniversario del Concilio Vaticano II porque, según explica, el Concilio es "la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX" porque es "la brújula segura" para orientar a los fieles "en el camino del siglo que comienza".




El inicio del Año de la Fe, también coincide con "los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica", promulgado por el beato Juan Pablo II "con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y la belleza de la fe". Por este motivo, al finalizar la Misa de apertura del Año de la Fe, el Papa entregará una copia del mismo, en edición especial a dos representantes de los catequistas.
 




Además, Benedicto XVI entregará mensajes especiales a gobernantes, profesionales de la ciencia y del pensamiento, artistas, mujeres, trabajadores, pobres, enfermos y jóvenes, evocando así al Papa Pablo VI en la clausura del Concilio.
 




¿Qué hacer en el Año de la Fe?
 




En una nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Papa ha propuesto la elaboración de películas, transmisiones televisivas y radiofónicas y publicaciones sobre la fe "accesibles a un público amplio" y encuentros con no creyentes que "buscan con sinceridad el sentido último de la existencia" como algunas de las iniciativas que se pueden llevar a cabo durante el Año de la Fe.




Este no es el primero que se convoca en la historia de la Iglesia. Ya en 1968, el Papa Pablo VI proclamó uno similar con motivo del decimonoveno centenario del martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo.




Se concederán indulgencias plenarias
 




Además, durante el Año de la Fe, Benedicto XVI concederá indulgencias plenarias, según indica el Decreto de la Penitenciaría Apostólica publicado recientemente. El documento firmado por el penitenciero mayor, el cardenal Manuel Monteiro de Castro y el regente, monseñor Krzysztof Nykiel, indica que la indulgencia podrá ser aplicable para los difuntos o para la persona "verdaderamente arrepentida, debidamente confesada, comulgada sacramentalmente y que rece por el Sumo Pontífice".
 




Además, será concedida cada vez que se participe al menos en tres momentos durante las misiones o lecciones sobre los actos del Concilio Vaticano II o sobre los Artículos del Catecismo de la Iglesia Católica en cualquier iglesia o lugar idóneo. Asimismo, podrá obtenerse cada vez que se visite en forma de peregrinaje una basílica papal, una catacumba cristiana o una catedral y cuando, en determinados días, se participe en una solemne celebración eucarística o liturgia de las horas en un lugar del Año de la Fe con el rezo del Credo.

Meditación de la semana: Alíate con María para orar mejor

Dios nos ha regalado en María una aliada para nuestro caminar, para nuestra oración. La presencia de María siempre ha sido un bálsamo.
 
Alíate con María para orar mejor
Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado de las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, o la avaricia, o el deleite carnal impele violentamente la navecilla de tu alma, mira a María. Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin suelo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si ella te ampara. (San Bernardo, Sobre la excelencias de la Virgen Madre, 2, 17).

La mayor parte de mi tiempo suelo pasarlo, por la misión que se me ha confiado, delante de una computadora. Horas y horas en las que el monitor me va mostrando diferentes mundos y a través de los cuales estoy intentando también transmitir a muchos el Evangelio. Prueba de ello son estas líneas que ahora mismo estás leyendo.

Pues bien, toda esta labor sería imposible sin la ayuda de mi buen amigo Renato, el informático de aquí del seminario. ¿Por qué? Su presencia es importantísima en los momentos en que algo le pasa a mi computadora, en los que internet no funciona, cuando parece que un virus amenaza con entrar... En cada una de estas circunstancias marco un número y el acento italiano de Renato me responde desde la otra línea para solucionar mis problemas: «¿Qué pasa ahora, padre?».


La última vez que le llamé para que viera por qué no podía ver unos videos que me habían mandado, se me vino a la mente que en la oración tendríamos que tener un "Renato", alguien que, cuando las cosas vayan mal, podamos llamarle por teléfono y decirle: «no siento nada, me aburro, qué tengo que hacer si..., etcétera». Y aquí es cuando San Bernardo viene en nuestra ayuda y nos deja el hermosísimo texto sobre María que he querido compartirles.

Dios nos ha regalado en María una aliada para nuestro caminar, para nuestra oración. Por ello, siempre es hermoso, además de ponerse en la presencia de Dios, pedirle a María que nos acompañe en cada oración que hacemos. Como si Ella pudiese tomar nuestras súplicas y decirle a Dios, con esos ojos de Madre, que nos escuche. Después de todo, San Maximilian María Kolbe tenía mucha razón cuando dijo que a María «ha confiado Dios toda la economía de su misericordia» porque «la voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios».

¿Nunca lo han experimentado ustedes? Personalmente, la presencia de María siempre ha sido un bálsamo en muchos momentos. Y en ocasiones no me doy cuenta sino hasta después de que Ella estuvo ahí. ¿Me permiten compartirles algo muy personal? Las fechas más importantes en mi vida en preparación al sacerdocio se dieron en fechas marianas: recibí el uniforme para el noviciado un 15 de septiembre, día de la Virgen de los Dolores; hice mi primera profesión de votos un 15 de agosto, día de la Asunción de María; mi profesión perpetua fue en el mes de octubre, mes del Rosario; mi ordenación sacerdotal fue el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. ¿Verdad que es descarado el amor de María?

Les invito a leer una vez más el texto de San Bernardo; lentamente, con calma. Mientras escuchan todo lo que María es capaz de hacer, denle las gracias y pídanle que nunca les deje solos. Que como a Cristo camino del Calvario (y Mel Gibson lo pintó bellísimamente en esa conmovedora escena de su película "La Pasión") Ella también les acompañe en los claroscuros de su vida: que ría con ustedes en los momentos alegres y llore con ustedes en los tristes. Aunque, créanmelo, incluso si no se lo pidiesen, Ella lo haría…

¿A que ahora la oración parece un poco más sencilla? Es lo mismo que le digo yo a Renato con el tema de las computadoras. Cuando viene él, todo parece muy sencillo… pues él es el especialista. Como María lo es en la oración. 

La Cuaresma: Tiempo de penitencia, oración, ayuno y misericordia


Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.  Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres.  Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.  Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos.  Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.  Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.  Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan.  Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.  Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensaraMateo 6; 1 – 6; 16 - 18
El primer punto de nuestro encuentro catequístico de hoy es: la Cuaresma camino de oración ayuno y misericordia. En el Evangelio aparece claro el camino de la Cuaresma. En espíritu orante en ayuno y caridad penitencial es desde donde el Señor nos invita a prepararnos a la Pascua de Resurrección. Cuaresma indica 40 días porque 40 días fueron los que Jesús permaneció en el desierto en combate contra el espíritu del mal ayunando y orando.
Cuaresma es el camino de reconocimiento de nuestra condición pecadora para abrirnos a la Gracia de conversión que nos regala la presencia del Señor que está cerca con su mensaje del reino, del nuevo orden. Se acerca un nuevo orden. Prepárense. Es decir conviértanse a la nueva propuesta. Modifiquen su manera de pensar, de sentir, de trabajar, de proyectarse, de afectarse interiormente y motivacionalmente a lo que es encontrarle el sentido a la vida. Conviértanse porque hay algo nuevo que está cerca. El Reino de Dios está cerca.
De hecho en éste día la imposición de las cenizas nos va a recordar que somos polvo y al polvo volvemos y urge convertirse y creer en el Evangelio de Jesucristo. El trae muy Buenas Noticias. Convertirse significa cambiar la vida en su raíz. El cambio que Dios quiere de raíz es del corazón. El cambio que propone Jesús no es una cosmética sino una transformación del corazón para una vida nueva renovada en El.
El camino es de unidad con Cristo. Es decir, es un camino donde vamos avanzando en la comunión con la presencia del Señor hasta llegar a la Pascua y con El también ingresar con a esos lugares de la vida donde somos invitados definitivamente a abandonar el pecado y todo lo que es contrario a Dios y su propuesta y adherirnos profundamente al misterio de la Gracia revelado en Cristo.
El mismo corazón del Señor que viene a nuestro encuentro nos invita a ahondar desde El lejos de las apariencias en nuestros vínculos. Convertirse desde el Corazón de Jesús hasta tener los mismos sentimientos que Jesús. Con Dios en el corazón convertidos, con nosotros mismos transformados por el ayuno que nos permite superar nuestro desorden natural.
El que viene por la herida que tenemos del pecado. El orden nuevo que genera la presencia de invitación desde el centro del mensaje de Jesús a la caridad fraterna por las obras de misericordia. El Señor está cerca nos convirtamos. ¿Donde y como se percibe ese olor a la cercanía de Jesús?
El segundo punto de nuestro encuentro de hoy es: en la cuaresma la oración del corazón Cuando oren dice Jesús hoy no sean como los hipócritas que gustan de orar en las sinagogas, en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres. En verdad les digo que ya reciben su paga. En cambio cuando vayas a orar entra en tu aposento y después de cerrar la puerta ora a tu Padre que está allí en lo secreto y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.
Cuando se habla de lo secreto, silencioso de la oración se refiere al corazón que no es el 9intimismo reservado a un sentimiento religioso vago donde nadie tiene acceso. A ese estilo de oración de corazón sentimental le llamamos relación de intimismo clausurado donde son yo y Dios en ese orden o un poquito mejor Dios y yo pero nadie más. No es la oración del corazón la oración del intimismo.
El corazón bíblicamente es el centro de la vida donde todos loas planos vinculares confluyen por tanto a la oración entramos desde el corazón con y desde lo más hondo de nuestro ser personal. Tiene que ver con uno y su circunstancia, uno y su familia. Uno, el que entra a orar y su trabajo, sus amigos, su apostolado, su historia el contexto donde uno vive forma parte de nuestra oración del corazón. La oración del corazón en lo secreto lo secreto se abre a todos loa planos y dimensiones de la existencia. No es una oración que clausura es una oración que abre. Cerrar la puerta para entrar en ese mundo amplio
Ese universo donde se gesta la vida, se entreteje la vida. Lejos está la oración del corazón de cortar con todo. Cerrar no es encerrarse sino ahondar en la profundidad de lo relacional donde se gesta la vida de la intimidad, de la profundidad. Nada de todo esto le resulta a Dios desconocido de lo que allí convive con nosotros.
Si le resulta desconocido a uno si no se reconoce a si mismo desde ésta dimensión de interioridad vincular. Uno se desconoce pero Dios no desconoce lo profundo de nuestro corazón y desde allí los vínculos que se establecen en todos los planes de nuestra existencia desde lo más central de nuestro ser. Cuando en fe atraviesa nuestro corazón los rostros, las manos, la historia de dolor, de alegría de los que comparten su vida con nosotros y lo de cada día sea relación de amistad o no entonces la oración está siendo vivida desde el ritmo cardíaco, desde el centro de nuestro ser personal y la presencia del Espíritu que es el que reza en nosotros se hace presencia transformadora de vida.
La oración es para transformar la vida si es oración desde éste sentido de corazón Desde la oración de corazón salimos lanzados a mejores relaciones con los demás. Es que los otros no son extraños en la oración. Forman parte de ella al formar parte de nuestro vínculos cordiales, es decir de corazón. Entiéndase vitales. La vida es la que aparece en la oración. Cerrar la puerta no es ir a un lugar de muerte No es elegir un sarcófago. Cerrar la puerta para orar es encontrarnos con los vínculos más hondos que forman y pueblan nuestra existencia allí en el corazón
La cuaresma tiene como 3 grandes movimientos la oración del corazón, el ayuno y la penitencia que en realidad son obras de misericordia porque no quiero sacrificios dice Dios misericordia quiero. Al final hago una sencilla explicación de que es la ceniza sobre nuestra frente. Es un recordar que somos polvo y al polvo volvemos. Que la vida es efímera. Que pasa. Que Dios no pasa y que por tanto hay que poner la mirada no en las cosas que pasan sino en aquellas que permanecen. Ese es el sentido de la explicación de la ceniza y por eso la urgencia de convertirse.
El tercer punto de nuestro encuentro es ayunar en cuaresma. En el ayuno expresamos nuestra libertad que responde a Dios que nos llama a ordenar nuestra vida: conviértanse. Ayunar es una manera de decirle a Dios que estamos dispuestos acomodar todo nuestro ser natural para poder darle respuesta a su querer y voluntad. Ayunar es decidirse a cambiar y expresamos esa decisión apartándonos de lo que no nos permite estar cerca de Dios. Por eso cualquiera sea la privación a la que nos atenemos cuando ayunamos porque comemos menos porque ese día comemos pan y tomamos agua, porque comemos solo la fruta, verduras.
Lo que estamos expresando mucho más allá de cual sea el gesto al que hay que atarse lo que estamos expresando la determinación de apartarnos de lo que nos aparta de Dios. Esto es el pecado. Por eso los Padres de la Iglesia decían cuando ayunamos, ayunamos de pecado. Ayunamos de pecado en la decisión de ordenar nuestra vida de acuerdo y conforme a esa invitación de Dios a cambiar y a transformarnos.
Además ayunar es relativizar cualquier bien del que nos estamos privando para expresar en esa privación la el bien superior al que hemos decidido vincularnos. Cuando nosotros decimos no como estoy diciendo no solo de pan vive el hombre. Hay un alimento superior, la Palabra que brota de la boca del Dios vivo. Cuando nosotros nos privamos de algo y reducimos nuestro bien estar para darlo a otros. Eso que ahorramos en comer, en una determinada vestimenta, hacemos penitencia en nuestra manera de vestir, en nuestra manera de comer ,en algún gasto que podría hacer legítimamente pero que podríamos evitar también legítima y saludablemente porque sentimos que así Dios nos lo pide eso que no gastamos en términos de economía lo damos en caridad para hermanos que lo necesitan.
Ayunar es decir yo me privo de esto y con mi privación doy a otro y expreso a través de esto que hay un vínculo de caridad que es superior en calidad de vida a cualquier placer que yo legítimamente puedo darme. Ayunar es siempre elegir un bien superior. Ayunar no es privarse. En todo la privación que hagamos supone un ajustar nuestra naturaleza en el reconocimiento que hay un bien superior sea un bien caritativo por encima del bien placentero, de un goce legítimo que podernos darnos, sea del Bien Superior con mayúsculas, del Dios vivo al que le decimos al privarnos de un alimento la Palabra de Dios es mi alimento y vincularnos un poco más a ella.
Ayunamos con la determinación de ordenar nuestra vida y de poner las cosas en su lugar. Dios primero y el amor a los hermanos en segundo lugar y de ahí un profundo amor a nuestra persona. Un ordenado amor y un cuidado real de nuestro ser personal dejándonos de engañar con cualquier otro discurso de calidad de vida que nada tenga que ver con el gozo interior que da la presencia del Dios vivo.
El ayuno para ser cristiano tiene que estar en comunión con Cristo .Para nosotros el ayuno no es solamente una saludable manera de cuidado de nuestra naturaleza. Es un vínculo profundo con la persona de Jesús por eso no se puede ayunar cristianamente sin estar en comunión con El Señor.
De allí la necesidad del tiempo de Cuaresma a la hora de ayunar también tener un tiempo para la reconciliación con el Señor, para la confesión. El Señor nos llama a vincularnos más desde El apartándonos de todo desorden que impide que en nosotros habite su querer y voluntad. Siempre la Gracia de Dios supone la naturaleza.
Es como cuando uno dice “voy a cargar una bolsa que lleva un contenido importante. Si la bolsa está rota lo que quisiera poner en ella se va a escapar por donde está rota. Así también la vida de la Gracia supone nuestras heridas sanas para que la Gracia de Dios circule saludablemente por todo nuestro ser
El cuarto punto de nuestro encuentro es misericordia quiero y no sacrificios.
Cuando el Antiguo Testamento las ofrendas hechas a Dios están vacías de interioridad el Señor advierte que no es el objeto ofrecido lo que le agrada sino el corazón de quien se ofrece en ese sacrificio. Misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocausto .Es una constante al lado del  Antiguo Testamento el pueblo sabedor de su necesidad de vínculos con el Señor en una respuesta concreta a su presencia de tanto amor ve poder simplificar ésta respuesta con la entrega de algo de si mismo desentendiéndose del Dios de la vida que le abarca toda la vida.
El camino del conocimiento de Dios viene de la mano del amor. El amor nos hace inteligente en el conocer a Dios que claramente lo define Juan: Dios es amor. El amor se expresa más en obras que en palabras decía San Ignacio de Loyola. Esa expresión tan bonita de la Carta de Santiago muéstrame tu fe sin obras que yo por mis obras te mostraré mi fe.
De ahí que la práctica de las obras de misericordia son un camino de renovación en el conocer interiormente a nuestro Señor, en el vivir en Cristo que es hacia donde nos conduce la Cuaresma. La misericordia es lo propio de Dios y en ella se manifiesta de forma máxima su omnipotencia, decía Santo Tomás de Aquino.
Las obras de misericordia se dividen en 2 según el Catecismo de la Iglesia Católica siguiendo la tradición de dos mil años de vivencia de la caridad en el corazón mismo de la Iglesia   Obras de misericordia corporales y espirituales. Las corporales son dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar al enfermo, asistir al preso, dar posada al caminante, sepultar a los muertos. Porque cuando hacemos esto dice el Profeta Isaías estamos ayunando El ayuno que yo quiero tiene que ver con todo esto dice Isaías capítulo 58.
Las obras de misericordia espiritual también la podemos aplicar en éste tiempo de Cuaresma: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesite para eso pedir la Gracia de la sabiduría Que la Palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza que sepan aconsejarse unos a otros y enseñarse mutuamente con palabras y consejos sabios Colosenses 3, 16
También forma parte de las obras de misericordia corporal: corregir al que se equivoca.
Si tu hermano ha pecado contra ti anda a hablar con el a solas Si te escucha has ganado a tu hermano ,si no te escucha lleva contigo a 2 o3 de modo que el caso se decida por boca de 2 o 3 testigos si se niega a escucharlos pide a la Iglesia reunida
Perdonar las injurias Pedro le dijo cuantas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano ¿hasta 7 veces? No digas 7 veces sino 70 veces 7 Consolar al afligido como dice 1 Tesalonicenses 5,11 anímense mutuamente y ayúdense unos a otros a crecer juntos Tolerar los defectos del prójimo.
Eso que tanto necesita nuestra sociedad. Acrecentar en tiempos de crisis como los que estamos viviendo los umbrales de la tolerancia y saber soportarnos mutuamente como dice Colosenses3,13 sopórtense, perdónense unos a otros si uno tiene motivos de queja contra el

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